Los elegidos de Miguel Dorelo 2

Como el pudor me impide auto-seleccionarme, le pedí a un amigo que lo haga por mí.Los dejo con Salemo: esta es su selección y  sus porqué.

-Gracias Miguel. No creo que sea necesario aclarar que con Dorelo , al que conozco desde hace un tiempo,nos une sobre todo la pasión literaria y que me resultó un placer releer sus cuentos para poder seleccionar los que a mi humilde entender son dignos de destacarse. Su forma de contar, su originalidad, su buen gusto y sobre todo el cheque que ya ha depositado en mi cuenta, me han llevado a elegir estos relatos:

Un viaje programado - ( este tema es uno de sus preferidos)

El número uno, sin dudas.- ( a veces los más destacados permanecen ocultos)

El proceso en el castillo- ( a veces roba ideas de otros y las mezcla para disimular)

Morir tiene sus privilegios.( EL tema. Esta vez sobre los que quieren ser diferentes en cualquier circunstancia)

Una lección de caridad- ( lamentablemente, en el mundo hay demasiadas de estas personas)

No voy a morirme de nuevo- ( Nada que decir.Otro relato con su tema favorito)

Un cuento común- ( algo sin mayores pretensiones)

Espero que mi selección les agrade. Aunque Dorelo suele decir , copiándose de don Hartman, que a él le gustan todos sus cuentos.

Espera - Mónica Sánchez Escuer


Nadie llama. La sangre ya está seca sobre sus muslos. Lena no quiere moverse. El cuerpo le duele, pero hay algo más profundo que la tortura. No quiere dormir. Cada quince minutos, encaja las uñas sobre sus brazos amoratados para ahuyentar el sueño. Tampoco quiere pensar: teme que la voz, su propia voz, se le suelte dentro y no la deje escuchar el timbre. Pero nadie llama. Pasa una hora. Dos. Mira el techo como si buscara en el mapa trazado por la humedad y el polvo las palabras que espera oír. Está cansada. Los párpados hinchados quieren caer. Lena los sostiene con los dedos unos segundos y dos lágrimas le mojan las orejas. Tres horas. Nadie llama. La sangre, como el pulso del reloj, camina lenta dentro de sus venas heladas. Siente frío. El asco del último beso le escurre como un hilo de hielo por la boca. El cuerpo se le entume, se hace silla sobre la silla dormida. Las manos, mariposas violentas que estrella en su rostro, son la única señal de que hay en ella algo vivo. Cuatro horas y unos minutos: el timbre del teléfono le quiebra el oído y se clava como nido de alfileres en su carne. Los dedos torpes aprisionan la bocina. Sin voz, escucha a la hermana: Ha muerto. Lena mira el suelo manchado, el cuchillo. En un bostezo, se lleva todo el aire denso de la habitación. Se levanta, deja de ser mueble. Sus huesos crujen más que el piso de madera bajo sus pasos. Cuando llega a la cama, deja caer sus catorce años y el colchón tiembla, como tembló horas antes, cuando su cuñado le cayó encima con los puños y su sexo erguidos. Él ha muerto. Lena por fin duerme.

A rey muerto, rey puesto - Rogelio Ramos Signes


No sé jugar al ajedrez. Nunca supe y, tal vez, ya nunca aprenda. Un mal maestro me enseñó sólo a comer las piezas del contrario, y mi propio desinterés hizo el resto. Ninguna jugada preparada adorna mi ingesta de sacrificados peones y de incautos alfiles. Ningún destello de mi imaginación inventa movidas arriesgadas. No obstante eso, yo sé que siempre hay alguien peor.
Hoy me sucedió algo que da peso a esta afirmación. Yo estaba sentado a mi mesa de siempre en el Bar y Billares “El Ocioso” cuando se presentó un joven de aspecto inquietante; no porque atemorizara, sino porque parecía estar a minutos del suicidio. Me estiró su mano pálida y sin fuerzas, como si me extendiera una empanada fría sobre una servilleta de papel, se presentó como “Lucio Negador, flogger”, se acomodó el mechón de pelo que le tapaba el ojo izquierdo, para que se lo cubriera todavía más y, sin mayores preámbulos, me dijo “Yo juego con las negras”. Se sentó frente a mí y empezamos. Alguien le habría dicho que yo era presa fácil, porque creí ver en el brillo de la múltiple ferretería que perforaba y adornaba sus labios y sus cejas cierto festejo prematuro.
Apenas iniciado el juego, sin ningún motivo que lo justificara, tomó su rey y lo tiró al cesto de la basura. Mientras lo sustituía por un sacacorchos, de esos que parecen un hombrecito con los brazos a los costados, gritó con una voz finita “A rey muerto, rey puesto”.
Como no entendí que pretendía y como tampoco quería entablar una conversación con él, seguí en lo mío y en pocos segundos le comí dos peones y un caballo. Con gesto heroico (supongo) tomó el sacacorchos que ocupaba el lugar del rey, lo tiró al cesto y lo cambió por un paquete de galletitas Duquesa, mientras gritaba otra vez “A rey muerto, rey puesto”. Otros dos peones, un alfil y una torre fueron mi botín de guerra, al tiempo en que Lucio Negador, el flogger, gritaba “A rey muerto, rey puesto” por tercera vez, y tiraba a la basura el paquete de galletitas Duquesa sustituyéndolo por un embudo de plástico.
No sé si tiene sentido seguir relatando esa partida de ajedrez que le gané con la técnica del tenedor libre (le comí todas las piezas), pero quisiera aclarar algo. Yo reconozco jugar mal, por falta de interés y por haber tenido un mal maestro; pero ¿quién le enseñó a jugar a este sujeto que cambiaba su rey por un miserable embudo de plástico?
Creo que corresponde precisar que cuando le dije “Jaque mate”, su rey ya no era un embudo, sino una manzana verde, luego de haber sido un ridículo osito de peluche. También corresponde que aclare que en cuanto le di el jaque, me levanté y me fui, dejándolo allí con su manzana, no fuera cosa que él considerara que había llegado el momento de suicidarse y mañana saliéramos en los diarios.

Profundo - Sergio Gaut vel Hartman


Ella tiene una debilidad confesa: los mariscos. Y él tiene otra: ella. 
—Si me invitaras a comer mariscos —lo desafía— diré a todo que sí. 
Él no se hace rogar. Desciende al fondo del mar y regresa con tres enormes canastas repletas de almejas, berberechos, bogavantes, ostras, nécoras, percebes, chipirones, langostas, camarones, vieiras, cigalas y zamburiñas. 
Cuando ella ve los manjares que desbordan las cestas, su vista se nubla y la saliva inunda sus labios sin reservas ni pudores.
—Soy fiel a mi promesa —murmura—. Toma lo que quieras.
Él no vacila y va en busca de la íntima ofrenda. Retira con exquisito cuidado los velos de sal que cubren el precioso cuerpo, y mientras con dos de los tentáculos aproxima las divinas golosinas a la boca de su amada, con los otros acaricia, palpa y succiona cada rincón posible e imposible, conquistando cavidades y saboreando la dorada humedad de los secretos. La múltiple invasión se traduce en eléctrica energía; el éxtasis llega y los transporta a una cima simétrica de las simas que tan bien conocen. Es un instante de placer intenso, feroz, infinito. Luego, la cauda se aquieta, los tentáculos se relajan, y algunos cangrejos, milagrosos sobrevivientes, se refugian entre las rocas azules que abrazan la playa.

Invisibilidad - Héctor Ranea


En las apariencias yace una de las más grandes armas de la evolución. Para las arañas debería ser sencillo atrapar moscas porque se parecen a arañas, que es, en el fondo, una forma de parecerse al claroscuro del paisaje para una mosca, mariposa o incluso pájaros pequeños. 
Todos los días, a misa. La capilla queda cerca, dos cuadras. Pero al menos cincuenta metros hay que hacerlos entre mendigos. Unos rezan arrodillados sobre maíz seco, otros lloran con miembros ensangrentados, en fin, algunos duermen o mueren al costado de la vereda. Yo los he visto morir mientras voy a misa.
Todos los días camino las dos cuadras y cuento los mendigos. Algunas veces, al faltar alguno pienso que murió. Es lo más probable, dado que no abandonan ese puesto. Hasta que un día empecé a notar que alguno de ellos desaparecía. No es que no se lo encontraba. Desaparecía y, lo que es peor, de a partes.
Una mañana comprendí que a un mendigo que conocía, le faltaba una parte del pecho. Al día siguiente la mancha se había extendido de modo que apenas se le podía reconocer. Finalmente, sólo se veían sus pantalones o los granos de maíz apenas comprimidos hasta que al fin, desaparecían. Se hacían invisibles.
De a poco, llegábamos más tranquilos a misa. Cada vez había menos mendigos y eso tranquilizaba nuestras piadosas mentes. Así, podíamos dedicar nuestros esfuerzos para salvar nuestras almas. Evidentemente, el destino de los mendigos estaba en manos de algo superior que los borraba.
Pronto, vimos que la acera estaba limpia. Era un paseo hermoso ir a misa ahora que no había esa corte de milagros. Pero en la primera misa del último mendigo, tuvimos que ver cómo a un magistrado de excelente carrera se le hacía un agujero en la cabeza ante la desesperación de su familia. Para el día siguiente, había desaparecido.
Al cabo de dos o tres desapariciones notables más, comenzamos a temer por la nuestra. Alguien había estado usando la máquina de desmaterialización de forma irresponsable, pero ya no sabíamos quién era el encargado de manejarla.

Los elegidos de Sergio Gaut vel Hartman (2)


No sé si es correcto lo que hago. Estoy eligiendo siete cuentos propios y los presento a la consideración (o reconsideración) de los lectores. ¿El porqué de la desmesura? Quiero celebrarme, me siento muy feliz y quiero compartirlo. No me parece justo hacer a los demás partícipes de los infortunios y que cuando llega el buen momento nos ocultemos para saborearlo. Así que les obsequio siete cuentos míos que me gustan. En realidad me gustan todos los cuentos que escribo, pero estos siete, tal vez, me gustan más.

El vuelo de la bestia - Sergio Gaut vel Hartman

Suicidios - Sergio Gaut vel Hartman

Vicio - Sergio Gaut vel Hartman

Incidente desafortunado - Sergio Gaut vel Hartman

Empotrando - Sergio Gaut vel Hartman

Fracasador - Sergio Gaut vel Hartman

El final del deseo - Sergio Gaut vel Hartman

Selección de HR: Tres autores bastante extraños (Bajarlía dixit)


Por suerte hay más! Si lee esto, encontrará que hay más; que este seleccionador es apenas un mostrador...

Párrafos de la carretera: 197 - Vladimir Kultyguin

Plus grandir - Vladimir Kultyguin

Agrimensor Bene Nio - Juan Rodolfo Wilcock

Giocoso Spelli - Juan Rodolfo Wilcock

La historia del Mozambique - Mariela Anastasio

El muerto y la bici - Mariela Anastasio

Los elegidos de Sergio Gaut vel Hartman


Tarde, como cuadra a mi actual estado, va un homenaje a un puñado de escritoras que llenan de color y música nuestro Breves no tan breves.


Juegos Perversos - Adriana Agrelo

La venganza - Adriana Alarco de Zadra

Instrucciones para ser nopersona en el nomundo - Adriana Med

Objeto de poder - Amélie Olaiz

Ven a mi lado - Lilian Elphick

Umbral - Mónica Sánchez Escuer

Apalabramar - Nanim Rekacz

Tsunami - Patricia Kieffer

La amante - Susana Duré

Recomendaciones egocéntricas y audibles de Saurio


Ayer, en el programa Capitanes del Espacio leyeron tres textos breves míos, de la serie de Son cosas que pasan, que están acá, en Breves no tan breves:

Aquí está el audio editado con los textos (si quieren escuchar el programa completo vayan aquí o, todos los lunes, de 20 a 22, sintonicen Ahijuna, 94.7 o por internet en www.ahijuna.org.ar).

Carmen Carrillo nos recomienda...


...seis cuentos interesantes, entretenidos... ¿Para qué decir más? ¡Leedlos sin perder tiempo!

El faro: Juan José Arreola

Narcovolatil grageas: Jacinto Deleble Garea

Motivo para un afiche: Juan Torchiaro

La vida pasa: José Luis Zárate

Ciertas ciudades: Adriana Agrelo

Regalo sospechoso: Diego Muñoz Valenzuela

Los elegidos de Sergio Gaut vel Hartman


Los elegidos de Sergio Gaut vel Hartman (para comer y beber)

Umami - Nanim Rekacz

Todos diferentes, todos iguales... - João Ventura

Ñumosucción - José Vicente Ortuño

La bolsa verde - Beatriz Pustilnik

Sopa de letras - Sergio Gaut vel Hartman

Manjar de los dioses - Nanim Rekacz

Vino amargo - Héctor Ranea

HR invita a un Especial para el: DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER


El amor de la tía Berta - Libia Brenda Castro

La cosecha de papas - Adriana Alarco de Zadra

Manjar de los dioses - Nanim Rekacz

Coito histórico - Paola Cescon

El filicidio - Araceli Otamendi

Alas - Oriana Pickmann

La partida - Olga A. de Linares

La calle antes del crimen - Mónica Sánchez Escuer

Viuda - Mónica Sánchez Escuer

Los elegidos de Miguel Dorelo


Algunos relatos que a mi entender merecen ser rescatados. Fueron enviados en el mes de Agosto y parte de Septiembre del 2008.

He aquí lo que sus autores plasmaron en menos de 750 palabras y un breve comentario introductorio propio:

Vino - José Luis Zárate.
(Un aggiornamiento necesario para una vieja historia)

Una elección delicada - Claudio Amodeo.
(Para ganar una partida son válidos todos los recursos)

Amo y esclavos - Sergio Gaut vel Hartman
(Un cuentito más tenebroso de lo que parece)

Estoy flotando entre mi edificio y el de al lado - Eduardo Abel Jiménez
(Volar no es fácil. Alcanzar nuestros objetivos, aún menos)

Indeterminación de Heisenberg - Cristian Mitelman
(Ya no se puede estar seguro de nada)

Estos son mis primeros cinco elegidos. Habrá más a la brevedad.
Disfrutenlos.

Un, dos, tres y un, dos, tres y un. Métase en el baile de leer!


Un, dos, tres y un, dos, tres y un. Métase en el baile de leer!

El Verdugo - Arthur Koestler

Espiral - Enrique Anderson Imbert

Manjar de los dioses - Nanim Rekacz

Robocátibo - Adriana Alarco de Zadra

Fluorescente - Gilda Manso

Y no pensar en nada - Lilian Elphick

Perturbadora flor en el asfalto - Sergio Patiño Migoya

Los elegidos de Nanim Rekacz


Para que los cuentos que publicamos hace meses vivan una segunda vida (algunos bien se lo merecen), un grupo de amigos de nuestros blogs los irán seleccionando y poniendo a la consideración de los lectores. Esperamos sus comentarios.

BNTB - Una selección especial para selectos comensales.

Para los que se preguntan qué es BNTB, es la sigla que identifica al blog Breves no tan Breves
Ahí habitan, esperando ojos que se posen en ellos y les extraigan esencias, aromas, recuerdos, ideas movilizadoras, cuentos.

Cuentos de 750 palabras que se aprietan en pocos reglones, cuentos de decenas de escritores de paisajes diversos y nacionalidades saltadas por el sinfronteras de la creatividad.

Seleccioné cinco cuentos para compartir este domingo con ustedes.
Abran la puerta, pasen, dejen su huella...

La mesa está servida, elijan el menú que más les guste.