domingo, 21 de septiembre de 2014

Antiguo aforismo – Ana Caliyuri


Ella pensaba que algún día la mandaría a llamar Herácito, Sócrates o Platón para felicitarla. Había visitado varias veces el mentado Templo de Apolo en Delfos donde rezaba la inscripción: “Conócete a ti mismo” atribuido a varios sabios antiguos. Eufemismo puro; en verdad nunca conoció tal lugar pero si descubrió lo mejor y peor de sí misma. Ella era un trozo de fragilidad envuelta en silencios y un retazo de fortaleza labrada por fuego antiguo. En definitiva esto de conocer la balanza que pesa dentro de uno mismo es trabajoso. Pero conocer los propios límites y la ilimitada ignorancia es todo un desafío. El reto de saberse ignorante, aún diezmando esa condición cada día, es una de las tareas más difíciles. Hay menesteres factibles de ser aprendidos y aprehendidos, pero el tiempo es finito para cada uno de nosotros: guerreros anónimos de ideales perdidos. Sin embargo, ella a fuerza de soñar siguió pensando que algún día la mandarían a llamar para reconocer en sus zapatos ese antiguo aforismo.

Acerca de la autora: Ana Caliyuri

El Gol de los Tiempos - Héctor García


De todas las barbaridades que se han dicho sobre el fútbol, Alexei Semionov, pensador ruso y jugador de principios del siglo XX, planteó algunas de las más curiosas acerca de la razón de ser de este deporte tan festejado por niños y adultos. En uno de sus más olvidables ensayos, gestado presumiblemente durante su breve y funesta campaña como líbero del Dínamo de Moscú, afirmaba haber llegado a la conclusión de que "Dios ha colocado sobre las frágiles espaldas de los hombres la solemne responsabilidad de mantener el equilibrio del Universo entero sosteniendo cierto número de encuentros futbolísticos hasta el Día del Juicio. Y los hombres, ignorando este asunto, debemos limitarnos a divertirnos (o ganar dinero, según corresponda) jugando. Así, hemos de saber que todos los partidos habidos hasta el día de la fecha han resultado como resultaron porque, de haber resultado de otra forma, probablemente hoy no estaríamos contando el cuento.
"Entendamos que lo que hay aquí de fondo es, básicamente, un paralelismo entre balones de fútbol y partículas subatómicas. Cada partícula tiene su propósito sagrado en la Naturaleza, y lo mismo ocurre con las pelotas de fútbol. Así como los electrones orbitan alrededor de los núcleos atómicos gracias a la extraña confabulación de leyes en extremo complejas, las pelotas en los estadios siguen trayectorias de difícil predicción debido a la presencia y las acciones, siempre causales aunque a veces se las crea azarosas, de aquellos que ofician como jugadores.
"Vamos a detenernos un poco en este punto. Imaginemos por un instante que, en un determinado momento y en un determinado lugar del Universo, uno solo de los trillones de trillones de electrones que han de existir recorre un camino que no está destinado a recorrer. Las consecuencias serían, como mínimo, catastróficas. La realidad se vería obligada a adaptarse a este evento de tal manera que todo cambiaría abruptamente: la duración de los días en Yakutsk, la aceleración de la gravedad en Toulouse, el punto de ebullición del agua en Realicó, el período de gestación de los elefantes africanos, los procesos sinápticos de la mosca de la fruta, la química a base del carbono y tantas otras cosas dejarían de ser lo que hoy son por causa de esta modificación no prevista. Tengamos en claro que, en algunos casos, es posible que ningún tipo de vida resulte compatible con hechos de esta clase, lo que daría como consecuencia un Universo triste y carente de testigos.
"Algo similar ocurre con la pelota de fútbol. Este proyectil de cuero exalta y conmueve a las masas no solo por la pasión que despierta el juego en sí, sino además y principalmente porque la gente, aunque inconsciente de ello, intuye que hay algo especial y determinante en sus movimientos hipnóticos y en sus rebotes inesperados. Una finta que no debió ser o un tiro libre ejecutado fuera de ese guión definido por reglas que no comprendemos porque ni siquiera imaginamos que están allí, y todo se acaba. Todo.
"Pero dejemos un poco de lado estos razonamientos trágicos y pensemos que, así como nuestro electrón no irá de excursión porque sí a las Montañas Rocallosas en lugar de quedarse tranquilo junto a su núcleo de carga positiva, la pelota de fútbol no entrará en el arco si no es ese su destino, y las cosas seguirán siendo como siempre las conocimos. Una consecuencia llamativa de esto es que absolutamente todo lo que vemos en un partido, incluso sucesos tan nefastos como una expulsión o un penal mal cobrados, tienen su razón de ser y, de hecho, es preferible que así sean si deseamos continuar con nuestras vidas cotidianas.
"Advirtamos, además, que esta visión del fútbol explicaría por qué sus protagonistas son considerados con frecuencia titanes de la Humanidad, mientras que otros miembros de la sociedad que, en principio, merecerían con creces gozar de dicho título, logran alcanzar un grado de notoriedad más bien exiguo. Nuevamente, esta idolatría es puramente intuitiva: el hombre promedio no adivina ni por asomo que venera al futbolista ni más ni menos que por su rol de guardián de la realidad de la que forma parte."
Al margen de lo que podamos decir acerca de los conocimientos científicos y religiosos de este filósofo de potrero, los pocos que se han interesado en su vida concuerdan en que sus teorías son cuanto menos llamativas. Por un lado, otorga a acontecimientos como el Maracanazo un sentido muchísimo más profundo del que suponemos que tienen, y por otro no duda en aceptar ciegamente los arbitrajes decadentes como ladrillos imprescindibles de la realidad que percibimos. En el ocaso de sus días, completamente pobre, solo y víctima de delirios místicos, mantenía incansablemente que el Mesías "volverá como jugador de fútbol y será el único capaz de violar los libretos divinos preestablecidos, al convertir un gol tan magníficamente glorioso que todos comprenderán al instante que el Apocalipsis habrá comenzado."
Una aguda enfermedad del corazón envió a Semionov derecho a la tumba siendo relativamente joven, y dejando a sus escasos seguidores la ardua tarea de hallar, entre todos los habilidosos del balompié que nos entrega esporádicamente la Historia, a Aquel que señale el Fin de los Días. Hoy, varios años después de su muerte, algunos de sus discípulos esperan con impaciencia la inminente venida del Rey de Reyes y su Gol de los Tiempos, mientras que otros opinan que el Elegido ya llegó, anotó y nos condenó sin que nos percatáramos de ello. Un tercer grupo, cada vez más numeroso, ha dado a luz la novedosa idea de que existen, en verdad, no uno sino varios Mesías capaces de cambiar el curso de nuestras vidas sin más herramientas que sus gambetas ineludibles y sus jugadas maravillosas. Sea cual fuere el caso, queda claro que el fútbol seguirá emocionándonos hasta el delirio por los siglos de los siglos.

Acerca del autor:  Héctor García

Locura - Paula Duncan


Hacia bastante frío esa noche; Juan se encontraba cavilando frente a la ventana admirando un cielo estupendamente helado, tanto que hasta la luna y las estrellas parecían adornos de hielo.
Pensaba, como puede ser que existan días tan áridos e insustancialmente planos sin una sola cuota de imaginación.
Desde que se levantó esa mañana sintió un estado preocupante de normalidad absoluta; todo encajaba perfectamente, la hora en que dejó la cama, el llamado que recibía casi todos los días a la misma hora, las noticias que a la tercera repetición dejaron de importarle; hacia el mediodía se sintió absorber en la centrífuga rueda de lo habitual, la cotidiana rutina lo dejó sin pensamientos propios, sin aire, sin nada, y su cuerpo comenzó a cobrarle peaje; primero un leve mareo, después un poco de náuseas lo obligaron a quedarse quieto frente a la TV para no caer en pánico y sentir la absurda sensación de compañía, pero la verdad era que estaba solo; muy solo con su arma más poderosa obturada por la normalidad de un día común, después vinieron los vómitos y el malestar general lo obligó a descansar un rato.
Al ir cayendo la tarde sobrevino el sentimiento de pérdida; el estómago ya estaba tranquilo, sus mediciones en orden y en su cabeza un hermoso caos; trato de dejar de lado la habitualidad para salvar al menos unas horas; pero la muy ladina se le había enroscado hasta en su sombra, y aunque estuviera seguro que no era ese el camino, abandonó por esa noche la pelea y tomando el último trago de su copa frente a la ventana se fue a dormir.
Al meterse en la cama tibia, tomó conciencia que no resistiría un dia mas así gris y anodinamente normal; que debería sacarse la gelatinosa rutina de encima al menos por un rato.
Casi quedándose dormido decidió que diariamente haría uso de una cuota de esa locura que lo convertía en un ser especial, y que además le permitía estar sanamente loco …

Acerca de la autora: Paula Duncan

jueves, 18 de septiembre de 2014

La manicurista - Jaime Arturo Martínez






Un corazón es tal vez algo sucio.
Pertenece a las tablas de la anatomía
 y al mostrador del carnicero.
Yo prefiero tu cuerpo.
Margarite Yourcenar

Ayer cumplí cuarenta años. Antes de dirigirme al trabajo, me senté frente a la playa y me vi como cuando era niña. Quería ser bacterióloga como la señora vecina y amiga de mamá. También quise ser cantante. Mejor dicho, quise ser muchas cosas…Desde los diecisiete años me desempeño como manicurista y hoy trabajo para los huéspedes de un hotel de lujo que está frente al malecón. Vivo con mi madre, que se ocupa de la casa. Ella empieza a preocuparme, porque ahora lo olvida todo y anda desgreñada. Ella antes no era así. No conocí a mi padre y mamá nunca lo menciona. Cuando niña le inquiría por él y siempre me respondía lo mismo: que debía de estar en el infierno.
Me gusta mi trabajo. Allí, conozco gente nueva todos los días. Mientras les presto mis servicios, les escucho sus historias o les hablo de la ciudad. Disfruto este ambiente, limpio, adornado y elegante.
Me gustan los hombres. Son la razón de mi vida, tanto como lo es mamá. No prefiero un tipo especial. Me impresionan los alemanes y los gringos por sus cuerpos enormes y sus cabellos rubios, como también el talante de los italianos, los franceses y los argentinos, que se hospedan aquí. A cientos de ellos me los he llevado a la cama. Los elijo entre los clientes más hermosos. Los elijo por sus manos nervudas, fuertes y grandes. Mientras les arreglo las uñas, percibo el olor de sus cuerpos, el brillo de sus ojos, los dejos de sus voces y entonces, llegado el momento de la elección, toco sus pies con mis pies, levanto un poco mi falda y entreabro mis piernas. Me emociona ver su turbación y el temblor de sus labios.

Cuando concluye mi labor los llevo hasta mi casa, a mi cuarto, allí les inundo de besos el rostro, los desvisto, lamo sus mieles y me rindo plena a sus armas desenfundadas. Ya satisfecha les doy un sitio en la memoria y me duermo feliz.


Acerca del autor:  Jaime Arturo Martínez

La cuerda – Ana Caliyuri


Recosté la cabeza sobre la almohada. Me cuesta conciliar el sueño sobre ese matete de gomaespuma. Mañana iré de compras, necesito un almohadón de plumas. Deseo volar con la imaginación, pero estoy presa de una mirada. No puedo decirle a nadie que me siento observada: en apariencia vivo sola. Mis vecinos suelen escucharme gritar por las noches, es más, alguna vez he revoleado por la ventana a ese ridículo muñeco vestido de payaso. Por las mañanas me levanto temprano para ir en su busca. Él, está despatarrado en la vereda. Los pelos arremolinados de todos colores me causan gracia y a su vez ternura. Jamás develaré aquello que me dijo una loca gitana; no sé si creerle o no, pero por las dudas no me deshago del muñecote. Cada cual tiene su meta y también su mitad. Hace tiempo que huí del escaparate. Soy algo más que un clon que sabe hechizar. Confieso que a él lo conocí durante el traslado. Cruzamos algunas miradas pero fuimos a parar a tiendas diferentes. No pierdo las esperanzas: aunque se le rompió la cuerda tal vez camine hacia mí…

Sobre la autora:  Ana Caliyuri

Connotativo como un listado de palabras - José Luis Velarde




El director de prestigiada agencia de espionaje institucional se topó con una lista que aparentaba carecer de sentido. Era un conjunto infinito de grupos de siete palabras sin relación aparente que no fuera el azar. El investigador probó, uno tras otro, diversos procedimientos para descifrarlas sin resultado alguno. Fallaron los lingüistas, los traductores y los síquicos tanto como los programas computacionales capaces de combinarlas y obtener interpretaciones lógicas basándose en los significados semánticos y connotativos.
Meses después acumulaba tanto desencanto y frustración que cometió un descuido inusual. Expuso un grupo de siete palabras a un compañero que solía escribir cuentos y no participaba en el proyecto.
El tipo observó un rato las palabras del Grupo 71.
“recuperar - observaba - último - instantáneo - complejo - plan – cierto”
Luego comenzó a escribir.
“Observaba un plan complejo para recuperar códigos secretos con un ardid instantáneo. No será lo último de la moda, pero podría ser cierto”.
El desencriptador escribió entonces:
“Un conocimiento instantáneo puede ser complejo y cierto. Esto lo supe mientras observaba un plan destinado a recuperar el último desencriptamiento realizado por un compañero de mi equipo de trabajo”.

El amante de los códigos secretos supo entonces que la misión acometida era imposible y que jamás sabría los significados. A cada grupo de siete palabras podría corresponderle desatar la imaginación de cada hombre dedicado a la escritura, pero también la de aquellos que nunca se habían propuesto practicarla hasta generar una cantidad inaudita de interpretaciones.
¿Y qué pasaría de usar 11, 563, 937 o cualquier número primo como el 7 para establecer los grupos de palabras?
¿Y si el misterio se escondiera en los números pares y no en el señuelo puesto a su alcance?
Las conclusiones obtenidas en cada caso eran tan subjetivas como el razonamiento humano.
El creador del listado infinito era también el creador de un método creativo para describir cada una de las partes que constituyen el universo.
Nombrarlas era una tarea divina.


Acerca del autor:  José Luis Velarde

sábado, 13 de septiembre de 2014

La brújula herida - Daniel Frini


De haber sabido que esa era la última vez que la veía, hubiese guardado el enojo y le hubiese dicho cuánto la amaba. Ella hubiera sonreído y soltado la manija de la puerta. Pero no. Ella salió del bar y dobló a la derecha. 
Durante los treinta y ocho años siguientes, hasta su muerte, lo persiguió la imagen de un mechón de cabello movido por el viento; que fue rubio, al principio, y que, sobre el final de su vida, era casi como un trazo de caligrafía china. 
Un año después del episodio del bar, lo buscaron para un trabajo, con la promesa de un diez por ciento, y le dieron una Smith & Wesson. Su inexperiencia le costó un guardia, un policía y veintidós años en prisión. En alguna pelea, perdió la vision del ojo derecho y la movilidad de la pierna izquierda. Cuando salió, viajó al sur, a trabajar como peón en una estancia, cerca de Coronel Gregores. 
La lloró una y mil noches. Algunas veces la amaba; las más, la odiaba. Nunca más supo de ella. 
Murió un anochecer, entrando al invierno.

Acerca del autor: Daniel Frini

Emigrantes – Ada Inés Lerner


Nos detenemos antes de entrar al fango de aldeas situadas frente al flanco violento de la montaña. Antes de descender de las naves los científicos y navegantes mismos no aconsejan a los emigrantes establecerse allí porque los vientos son inestables, directos y complejos y por los mismos vientos que soplan en diferentes direcciones se forman dunas lineales longitudinales. Los proyectos mágicos de los futuros pobladores se convierten en sueños caóticos por el frío, el miedo y el viento que dilacera las carnes. Nuestra inmediata obligación es alertar a los pobladores sobre la vana apariencia de un desierto viscoso color del fuego. Esta tierra es impredecible y ellos tienen la inmediata obligación frente a la contradicción razonable de no caer en la vana experiencia y fatigan los campos en busca de árboles incesantes de hojas desconocidas. Hay un grito inconsolable de un pájaro que los alerta del clima tormentoso. Y si, hay raíces, verdes, germinación, ramas, troncos, campos para arar, semillas; sembrar, cosechar serán preocupaciones constantes para los hombres. Buscar bosques, sombras, luces, reflejos, gorgojos, agua, y todo aquello que significa alimento y protección para los suyos. Nuestra nave sigue su periplo buscando nuevas tierras para otros emigrados del Apocalipsis.

Sobre la autora:  Ada Inés Lerner

Historia de Cecilia - Marco Tulio Cicerón




He oído a Lucio Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermana y, según la antigua costumbre, fue a una capilla para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un largo rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y le dijo a Cecilia:
-Déjame sentarme un momento.
-Claro que sí, querida -dijo Cecilia-; te dejo mi lugar.

Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo.

Acerca del autor:  Marco Tulio Cicerón

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Espacio patafísico - José Luis Velarde


Altura para distanciarme de ti es lo que necesito. Bastará siempre y cuando no repliques mi rumbo. En algunas posibilidades tendré que desplazarme en otras direcciones. Arriba, abajo, hacia los lados. En realidad no me importa hacia dónde; siempre y cuando sirva para restablecer la soledad donde me encontraba antes de conocerte. Decir altura no tuvo intención ofensiva ni aires de superioridad. Pude haber dicho que necesitaba ir hacia el norte o a un infinito confín de la galaxia. Pude emprender un descenso hacia las profundidades de mi sinrazón para dejar claras mis intenciones de abandonarte sin añadir lastimaduras, porque supongo que todas las ausencias duelen. Tal vez pronuncio demasiadas pistas en vez de partir en silencio como lo hacen aquellos que se alejan para siempre.
No pretendo emprender un movimiento rotativo, apenas anhelo marcharme seguro de que no voy a regresar. Debería descubrirme seguro de mis pensamientos y no logro romper el encantamiento que me mantiene aquí. Es como encontrar las tres dimensiones repletas de tus imágenes. No todas duelen y mi semblante ajado titubea al descubrirme festivo en otras realidades. No son las escenas más abundantes, pero más allá de las ocasiones enturbiadas por la tristeza, la rabia o los malos entendidos predomina la calma. Me pregunto si huyo de la paz, pero me respondo que puede ser tan nociva como los combates emprendidos en nombre del amor. Afirmo y desmiento con un afán más creativo que demoledor. Pospongo la ausencia. Te nombro y pienso en la altura que necesito para aproximarme a ti.

Sobre el autor: José Luis Velarde

Naufragio etéreo - Ana Caliyuri


En mi memoria desdibujada aparece una frase de Constancio C. Vigil “Hay una especie de avaricia honrosa, y es la de las palabras.”
Es imposible poseer todas las palabras, mas si así fuese, siempre las entregaría perfumadas con la fragancia que devela mi alma.
¿Desnudarnos? No es necesario, pues nunca me he vestido con ellas. Ellas llegan desnudas a mí, y así como han nacido, en el más puro manantial primigenio, así las amo. Siento que es un acto de amor entregarlas desmesuradamente.
Pues bien, a mi manera… déjate llevar por la cristalina luz que lentamente corroe la impureza, quédate a merced del tifón del preciado tesoro que goza con su entrega.
Así de simple gorjea el alma con la ribera de las constelaciones de la imperfecta lengua, esa lengua que socava con su lava los misteriosos resuellos de un perfecto ensueño.
Mas. quizá es bueno saber, que una ventana abierta jamás devela el universo, hay que ir más lejos…
Me sumerjo en las profundas aguas de los misterios. Desentrañar cada uno de ellos es el goteo necesario para rozar la mar y su eterno movimiento.
Todos somos en sí mismos un Merlín por descifrar o si prefieres trata de ver en mí la bravura de la mar y el remanso de las arenas, o compárame delirantemente con las espumas de las cuales nació Afrodita, o tan sólo simplemente piérdele el respeto a tus viejos ojos, ya casi ciegos, y envuélvete en las pupilas de un soplo intenso. Voluptuosa es la sensación cuando un chasquido de luna se apodera del deseo hasta colapsar con el reflejo de dos frente a un mismo cielo. Sin embargo ,el amor nace del absurdo, del vendaval azul inesperado que nos reconvierte. Luego somos orfebres del Apocalipsis del cuerpo, algo así como morir en suspenso para renacer etéreos. La diferencia entre un juego y el magno sentimiento,es que en el juego el amor se adjetiva y en el magno sentimiento cobran vida los verbos. Derramar , azuzar, inspirar, expirar, paladear, sustentar, bramar, enervar, agonizar, acariciar, arrullar y tantísimos más para que el corazón con su río de fuego cruce todos los límites del cuerpo.

Sobre la autora: Ana Caliyuri

Sobre la clonación. Un encuentro con Fansi Carlon — Cristian Cano


—¿Cómo hacemos para terminar con esto? —dijo Fansi Carlon— Siempre venís y te hacés el que está todo bien. No está todo bien. Todo lo contrario
—Confío en que los lectores van a participar de su verdad. Está expuesto, pero a pesar de su postura, la gente va a saber entenderle. De ahí a que apoyen semejante locura, es otra cosa.
—No me cambies de tema —dijo el científico—. Soy lo que soy y si no tenés los huevos para darte cuenta que intento terminar lo que se debe, no me recrimines. Insisto en eso. ¿Por qué nos seguimos encontrando en este bar andrajoso?
—Intento saber por qué está en contra de la humanidad —le dije—. Todavía creo que podemos llegar a un acuerdo. Estoy dispuesto a volver con usted. A ayudarlo en el instituto.
—No me vengas con idioteces. Nadie va a confiar en tu palabra. No tengo nada que decirte al respecto. ¿Para qué me hiciste venir? Mi tiempo vale oro.
—Retráctese, doctor —le dije, y el hombre detrás de la barra se mostró impaciente. Después me di cuenta de algo fundamental. Los empleados eran otros. Fansi Carlon estaba recobrando sus influencias. Una situación que muchos deberían saber—. Puede que todos hayan olvidado lo que pasó en el instituto, pero eso no lo desliga de su compromiso. Aparte, me debe unos cuántos años de vida. Eso no tiene valor.
—Escuchame —dijo corriendo su café hasta el centro de la mesa—. La próxima vez que me quieras ver, es muy posible que no esté disponible —se levantó de la mesa—. Estoy cansado de ver cómo los escritores de mala muerte te manipulan en mi contra. Tengo cosas más importantes que hacer.

Sobre lel autor: Cristian Cano

Inteligencia versus fe - Guillermo Vidal




Movió el vaso y el sonido seco al golpear contra la madera de la mesa lo sobresaltó, una imagen borrosa le vino a la cabeza, como si una pieza en el tablero se hubiera desplazado hacia el final de una definitiva batalla. El no sabía jugar a nada que estuviera contenido en un tablero, lo angustiaban esas celdas apretadas donde se ajustaban las piezas y los rígidos movimientos a las que estaban sometidas. Conocía las reglas y eso era todo. El otro apareció como si se materializara de la nada en la puerta del local. No lo había notado por la misma razón que su imagen en el espejo no lo sacaba de su humor ensimismado.
Parvis Onion y Bermín Dujardan se encontraron a las cinco de la tarde en el bar interregno. No eran parientes o gemelos separados al nacer, ni amigos o amantes, tampoco socios. Aunque si estaban estrechamente relacionados, tanto que eran la misma persona viviendo en épocas y mundos diferentes. Sus vidas estaban separadas por siglos, creciendo en especies, culturas y costumbres trabajando sin ninguna conexión.
—Siempre tuve la sensación de que una parte mía pululaba en alguna parte del cosmos, en otro tiempo y lugar, reencarnando por algún tipo de orden divina.
—No soy una vida pasada, ni dios alguno nos hizo esto. Somos un experimento de la psique cósmica, seres evolucionados tecnológicamente que se dedican a engendrar individuos y probarlos en diversos entornos es su deporte favorito, ensayo y error es también práctica común entre los señores galácticos. La ciencia más desarrollada no solo se confunde con la magia, también con la fe.
—Si es tan azaroso el devenir, no entiendo a que viene este encuentro, ¿otra casualidad en esta corriente fortuita?
—El motivo es el juego.
Otra pieza se movió hacia el destino fatal, Dujardan tragó saliva y contuvo la respiración, no quería escuchar lo que Parvis tenía para decirle, y sumar desazón a su ya vapuleada fe.
—Una apuesta miserable de todopoderosos hastiados de su omnipotencia. Fuimos veintitrés copias en el tablero
Dujardan sintió que se le congelaba la sangre en las venas, además de la ingrata impresión de que las gotas frescas que le poblaban la frente se transformaban en perlas frías desparramándose sobre la mesa y exponiendo su fragilidad.
—Y solo quedamos nosotros dos.
—No quiero saber.
—Lamento decepcionarte, tu interés no es algo que importa.
—No me imagine que pudiera ser tan cruel en ninguna versión de mí. Si se trata de luchar entre nosotros, me niego.
—No, se trata de caer en la cuenta que se aburrieron del proyecto y nos olvidaron.
—¿Podemos volver a nuestras vidas?
—¿Es todo lo que se te ocurre ante semejante revelación? No se ocurrió que ninguna versión mía fuera tan poco inteligente.
—¿Y cual es la ventaja de tanta perspicacia, la amargura?
—Me preocupa no saber cual es nuestro lugar en el cosmos, estamos lanzados al vacio, sin saber que hacer de nosotros.
—Tengo un par de ideas, voy a empezar por tomar el café con leche, ya que el interregno invita, después voy a revisar la carta, lo demás puede esperar.
—¡Superficial!, yo quiero lo mismo —dijo Onion al mozo que se acercó a tomar el pedido mientras cavilaba que, a pesar de no ser tan inteligente, a veces la fe de su símil tenía sus ventajas.


Acerca del autor:  Guillermo Vidal

jueves, 4 de septiembre de 2014

Trágico - Paula Duncan


Sube al tren, se sienta y con los ojos cerrados piensa, ¿me estará esperando?
Una vez a la semana; ella se escapa: de la rutina, de su casa, del trabajo, y marcha a verlo, no importa la distancia, en el viaje sueña, con sus besos, con su piel y su mirada, porque cuando se cruzan sus ojos; miles de estrellas estallan, verde esmeralda la suya, la de él, de noche clara, siempre encendida, sus ojos son dos brasas que desatan los deseos, cuando sus brazos entrelazan, y comienzan a besarse …, por la ventanilla, ve como la tarde pasa, sabe que antes del amanecer, el sueño se acabara, y cual cenicienta deberá volver a su casa, con el aroma de él, aun pegado a su espalda y deberá parecer que nunca a pasado nada, poco habla, poco dice, esquiva la mirada, hay que trabajar; y en eso esta concentrada, pero en su interior hay recuerdos apilados, esos que nos da el amor después de haberlo dejado y su corazón se escapa, y corre por los tejados, y en un golpe de brisa, vuelve a estar a su lado, y así tan distraída la calle va cruzando.
¡Detente! Gritan a voces los que caminando marchan, piensa un momento, y mira sin ver para los dos lados. ¡No cruces!, pero ella con él esta hablando, y no escucha los frenos, ni sabrá lo que la ha golpeado, sólo sabe que por fin, no deberá marcharse jamás de su lado...

Sobre la autora:  Paula Duncan

Artritis - Fernando Andrés Puga


El chirriar de las bisagras me recuerda el de mis articulaciones. ¡Ufa! Tendré que seguir la recomendación del médico y empezar a hacer los ejercicios que me indicó. No sea cosa que sea cierto lo que dice y empiecen a aparecer dolores en los huesos cada vez más intensos. ¡Ufa! Si no cambio hasta puedo terminar postrado. Ni siquiera levantarme para ir al baño. Se mojarán las sábanas, tendré que tener una asistente que me ayude... En fin, sin duda será un verdadero engorro, ¡y qué humillante! Desde luego ya no podré venir a la oficina y la idea de delegar en otro el manejo de la empresa me saca de quicio. Sería tremendo. Si son una manga de ineptos; buenos para nada. Se irá todo al carajo y junto con todo mi buen nombre.
El gimnasio de la esquina parece bueno. Tienen que tener algún especialista que se dedique a problemas como el mío. Sí, podría probar. O si no un personal trainer, solo para mí, sin hacer mucha alharaca, en las horas libres. Acá mismo, en mi despacho. Mmmm.... Sí, creo que va a ser lo mejor. Ya mismo me ocupo; en cuanto termine con este infeliz que se me plantó acá delante del escritorio vaya uno a saber para qué. Seguro que quiere un adelanto. ¡Mirá si voy a estar para adelantos!
—Hola, Bermúdez. Antes que empiece quiero avisarle que está despedido.
—Pero, señor. Yo sólo venía a traerle el informe que me pidió.
—¡Ma'qué informe ni informe! ¡Andate de una vez querés! Y cuando salgas ¡tratá de no hacer chirriar la puerta! Gracias.

Sobre el autor:- Fernando Andrés Puga

La guerrita perdida – Guillermo Vidal


Se da cuenta doblada sobre el sanitario que no tiene para reclamar ninguna soberanía sobre su cuerpo. Se siente usurpada por invasores que deciden sobre su organismo y ella atrapada en una isla lejos del continente no puede recibir ayuda a pesar de los reiterados pedidos de ayuda. Nunca debió lanzarse a esta aventura. Sucesivos sueños dejados atrás convergen en el estomago y la golpean sin piedad atrofiándole los sentidos con un punzante dolor, de allí una catarata de fluidos desborda por todos los esfínteres, algunos incluso que no sabía que estaban allí. Se dobla en noventa grados sobre si en un vano intento de aliviar los retorcijones, después en ciento ochenta y alcanza los trescientos sesenta convirtiéndose en un carro hidrante humano. Sale del baño trastabillando cuando cree superada la peor parte y con la poca lucidez que le queda alcanza a ver en el horizonte de la conciencia un frente de tormenta que avanza sobre su conciencia y borra cada palabra memorizada, y se avizora con la mente en blanco justo en el instante en que le profesor le dice: “¿Qué tema eligió?”. Las Malvinas, repite de manera mecánica como si fuera la boca de alguien más pero solo recuerda a Meryl Streep que ganó el óscar por la dama de hierro y en el milagro de su actuación que logró convertir una yegua en un personaje humano pero los burros que comandaban de nuestro lado no sufren la misma transformación. No parece suficiente para aprobar el examen. Esta perdida como aquella guerra, es de lo único que está segura.

Sobre el autor:  Guillermo Vidal

sábado, 30 de agosto de 2014

Intervalo de cinco minutos - Francis Picabia



Yo tenía un amigo suizo llamado Jacques Dingue que vivía en el Perú, a cuatro mil metros de altitud. Partió hace algunos años para explorar aquellas regiones, y allá sufrió el hechizo de una extraña india que lo enloqueció por completo y que se negó a él. Poco a poco fue debilitándose, y no salía siquiera de la cabaña en que se instalara. Un doctor peruano que lo había acompañado hasta allí le procuraba cuidados a fin de sanarlo de una demencia precoz que parecía incurable.
Una noche, la gripe se abatió sobre la pequeña tribu de indios que habían acogido a Jacques Dingue. Todos, sin excepción, fueron alcanzados por la epidemia, y ciento setenta y ocho indígenas, de doscientos que eran, murieron al cabo de pocos días. El médico peruano, desolado, rápidamente había regresado a Lima... También mi amigo fue alcanzado por el terrible mal, y la fiebre lo inmovilizó.
Ahora bien, todos los indios tenían uno o varios perros, y éstos muy pronto no encontraron otro recurso para vivir que comerse a sus amos: desmenuzaron los cadáveres, y uno de ellos llevó a la choza de Dingue la cabeza de la india de la que éste se había enamorado... Instantáneamente la reconoció y sin duda experimentó una conmoción intensa, pues de súbito se curó de su locura y de su fiebre. Ya recuperadas sus fuerzas, tomó del hocico del perro la cabeza de la mujer y se entretuvo arrojándola contra las paredes de su cuarto y ordenándole al animal que se la llevase de vuelta. Tres veces recomenzó el juego, y el perro le acercaba la cabeza sosteniéndola por la nariz; pero a la tercera vez, Jacques Dingue la lanzó con demasiada fuerza, y la cabeza se rompió contra el muro. El jugador de bolos pudo comprobar, con gran alegría, que el cerebro que brotaba de aquélla no presentaba más que una sola circunvolución y parecía afectar la forma de un par de nalgas...


Acerca del autor:  Francis Picabia



Beso y la ciudad - Héctor Ugalde


El ciudadano se asombra de ver una larga fila. Sigue la cadena de personas y encuentra que todos están formados para probar suerte y besar a la Bella Durmiente.
Una multitud está reunida para presenciar tan extraordinario suceso. Hay cámaras de televisión y reporteros de otros medios cubriendo el evento.
Algunos avispados aprovechan para vender y ofrecer sus productos. Camas, colchas, batas, piyamas, pantuflas... ahora está de moda parecer dormido. También hay lociones relajantes, cremas humectantes para los labios resecos y otros artículos diversos, sin faltar por supuesto las camisetas con una gran variedad de leyendas.
Uno a uno van entrevistando a los candidatos hurgando en su vida para ver sí encuentran datos jugosos que aviven más el espectáculo.
Finalmente, después de varios días, se termina el interés y todo mundo vuelve a sus labores. Queda un reguero de basura y en el centro la mujer dormida.
El ciudadano, aquel del inicio del relato de los hechos, no se ha ido, ha quedado prendado de su belleza. Se acerca y la besa.
La Bella Durmiente despierta y le sonríe.
Se toman de la mano y se alejan en el atardecer...
Nadie ha visto esto, ni siquiera yo, porque el amor es un acto privado entre sólo dos...

Sobre el autor: Héctor Ugalde

Karma - Silvia Milos


El prototipo C H 2 estaba listo para entrar al edificio. Tenía el olfato mil veces intenso que los humanos 1, y sus orejas recibían ondas de baja frecuencia capaces de captar hasta la más mínima respiración. Subió de cinco en cinco los escalones, saltó entre los escombros y alcanzó el tercer Nivel en tres segundos, uno por piso.
Luego se detuvo, una fracción de tiempo incontable para hacer un paneo absoluto parado frente al departamento. Divisó a través del humo y de las llamas el cuerpo de un humano en el suelo , y de dos simples perros, sin genes H estaban aterrados, casi al borde del desmayo. Dudó, antes de levantar a los animales hizo un llamado por el sonar, alertando a los humanos 1 de su par. Luego bajó como un rayo y los sacó del derrumbe.
 Afuera, nadie preguntó por el que faltaba, todos sabían que no era necesario tener un asesino de perros entre la gente.

Sobre la autora: Silvia Milos

martes, 26 de agosto de 2014

Y al final, se fue la señorita María Inés - Carmen Belzún


Amenazó, amenazó… ¡y cumplió! Yo no creía en su promesa de irse. Dejar todo, ir a meterse en una casita en la costa, empezar de cero… Porque era así: ¡de cero! Pedir el traslado era fácil; conseguirlo, más o menos; aceptarlo… ¡eso era lo jodido! Casa nueva, vida nueva. Otros amigos, otros compañeros de trabajo, otra vida. ¿Valía la pena? Ella creía que sí. Y nosotros, al principio, también. Sobre todo cuando la veíamos acercarse de la mano de él. El marido ¿quién iba a ser? No era ni lindo ni feo; alto como ella; el pelo medio rubión; sonrisa fácil. Siempre la acompañaba a la mañana, tempranito, ¿te acordás? Llegaban como dos novios. Así los llamábamos. Un besito delicado en los labios (un piquito, bah) ¡y a empezar la jornada! No sé de dónde apareció el proyecto; pero lo cierto es que ella nos comentó que querían mudarse a una casa frente al mar. Ella iba a pedir el traslado de su cargo titular, él iba a pedir que lo mandaran a otra sucursal de la fábrica. Fácil ¿no? Sí, si hasta nosotros lo entendíamos. ¡Tampoco éramos tarados! Sólo chicos. Y de pronto nos convertimos en compañeros incondicionales. Le preguntábamos por los trámites (¡como si supiéramos!), le dábamos aliento (¡lo único que podíamos!); una vez, aparecimos con un suplemento de viajes y paseos dedicado al partido de la Costa. Durante todo el año nos esforzamos por darle ánimo sin dejar en evidencia nuestras dudas. ¿Valía la pena dejar todo por acompañar a su hombre? ¿Sería feliz tan lejos de sus seres queridos? Cierto que él era el más querido… entonces ¿así terminaba todo? Su carrera, sus afectos, su vida; todo se limitaba al mundo que él le ofrecía. Nos resultaba raro. En realidad, ahora me doy cuenta de que repetíamos palabras de los adultos. Eran comentarios que hacían los viejos, todos: padres, algún que otro abuelo, las otras señoritas de la escuela. Había desconfianza en sus voces e, indudablemente, los pronósticos eran desfavorables. Pero ella cumplió. Con la exactitud de las ecuaciones que quería enseñarnos. Ella se fue. No le importó que le pidiéramos que se quedara (en verdad, fue una actuación más que un deseo). No le importó que la situación se presentara tan en contra. O, a lo mejor, aceleró el trámite por eso. No lo habló con nadie, sólo se fue. Sí, se fue de noche, sin avisar, sin despedirse; primero pidió una licencia por enfermedad, ¡todos lo entendieron! Y después se colgó de una viga del quincho. Una semana antes, el marido la había abandonado.

Sobre la autora: Carmen Belzún

Inevitable – Carlos Enrique Saldivar


Y tuve una maravillosa impresión, como cuando el río en invierno aumenta su caudal y crece. Así son las niñas cuando se hacen mujeres. Así es ella, un espejismo real, un milagro de hermosura. Como miro el océano la veo a ella, lo he hecho desde hace años. Quisiera ingresar en sus entrañas, nadar hasta extasiarme, sentir sus formas acariciar mi espigado y fuerte cuerpo. Aunque sé que no debo, no he de abandonarme a sus encantos. Me resisto. Pero ella me atrae con una potencia bárbara. La amo, creo. Algo es cierto, la deseo. Inevitablemente caeré en sus redes muy pronto. Su nombre es Linda, es más que eso, se lo he dicho, me ha sonreído y me ha tomado de la mano, no obstante he huido de su lado.
Inquieto, en mi elemento, tengo emociones que me destruyen.
No puedo dejar de pensar en su persona.
Desobedezco una vez más a mis ancestros. Salgo del océano, desnudo, camino hacia a la playa. Me crecen piernas con lentitud. Ya no duele como antes. Mi ropa se encuentra enterrada bajo la arena. Me visto. ¿Habrá de ser este mi destino? Sí. Esta noche cederé a su voluptuosidad. Sé dónde encontrarla. Se alegrará de verme. Entraremos a un universo de frenesí y tempestades placenteras. Ya nunca podremos abandonarnos. Y, como muchos de mi especie, en poco tiempo moriré en sus brazos, satisfecho, agradecido, lejos de mi gente. Me disolveré en el aire impuro de un mundo que no es el mío.

Lima, agosto de 2012

Sobre el autor:  Carlos Enrique Saldivar

El ataque - Patricia Nasello


Conoce los clientes del bodegón, sabe que debiera cantar otras canciones pero esta noche el hastío llegó temprano. El viejo hastío que, hasta hoy, siempre lo había atacado una vez puesta la llave en la cerradura de su casa, después de la actuación y de los vinos.
Ahora no canta, sólo puntea la guitarra.
Al primer chiflido se baja del escenario.
—Otra como ésta y olvidate —dice el mandamás.
—Traeme lo de siempre —replica con indiferencia mientras pone sobre la mesa el sombrero que calza cuando cumple rol de artista.
Para el sexto vaso de tinto, no sabe si es verdad que alguna vez fue un gran vocalista a quien el éxito acercó una multitud de admiradoras serviciales.
—¿Cómo pudo aquel tipo terminar cantando por monedas en un bar de mala muerte?
Quisiera responder a su pregunta pero la bebida no combina bien con el hastío prematuro.
—Quietos! —ruge alguien, un pibe con cara de loco, parece tener menos años que su propia pistola. Lo acompañan otros dos que podrían ser sus gemelos.
La adrenalina provoca el milagro, siente que la vida regresa para correr por sus venas, sonríe.
—Vos, el del sombrero, qué te pasa?
Mirá quien viene a reparar en el sombrero. Algo se agita en la boca de su estómago, tarda en reconocer la risa que asciende.
—Che puto de mierda querés que te queme? —tiembla de rabia y lo apunta
La carcajada es incontrolable.

Sobre la autora: Patricia Nasello

El milagro – Ada Inés Lerner


En una caverna están recluidas tres personas ¿el motivo de su reclusión? Un tal señor Platón los puso ahí. Como este es un mundo donde los gritos de los pobres se pierden sin ecos y sus deseos han perdido velocidad, los habitantes de esta caverna tienen buena conducta. Quizás porque a los que nada tienen les sobra tiempo libre, estos cavernícolas mantienen ordenada y limpia su pieza, juegan a las cartas, a las sombras y al amor. Y como suele suceder los carceleros les permiten que salgan a trabajar, esporádicamente, a cambio de una comisión.
Cuando Magdalena regresa a la caverna después de trabajar, su hombre, que conlleva su reclusión con furia íntima, contenida y alerta,. la mira con cara de perro atado al fondo y le reclama que haga la comida. Ella les cuenta del calor del sol y la placidez de la luna, del aliento dorado del otoño, de la belleza de la rosa y la humildad del cardo.
El niño, Ángel, duerme demasiado. Madre y padre ignoran, con certeza, la razón. Poco importa. Ángel está triste y cuando alguien está triste no hay vuelta de hoja.
Sí, Magdalena, su hombre y su hijo son los tres humanos de la caverna platónica. Claro que no todos vemos las mismas cosas de la misma manera. Magdalena ha concebido a Ángel como el "milagrito" de un espejo equivocado. Ella no pudo ratificar si había pedido o no este favor al esposo. Y como bien dice Platón las ideas son lo más importante, por eso los tiranos creen que es peligroso permitirle pensar a un hombre desocupado. Yo creo que es más peligroso que un hombre esté desocupado.
Los nacimientos son milagrosos, traen luz. Cuando nació Ángel su cuna se convirtió en un lugar de peregrinaje, hasta los carceleros iban a pedirle favores. Pronto empezaron a llamar a estos favores, favores cumplidos: milagros.
Frente a la cuna muchos hablaron de necesidades nobles y solemnes. Otros pidieron cosas materiales y fútiles. Y la mayoría dijo que sus peticiones se vieron satisfechas.
Hubo quienes sugirieron al Director que se libere a Ángel. Al Director, esta historia comenzó a pesarle. Debía esperar la autorización de "arriba". Y ésta se demoró.
Para los que creen en las soluciones mágicas el tiempo todo lo resuelve. ¿Será por eso que pasado cierto tiempo Ángel ya no es el centro de atención?. Lo fueron olvidando y ninguno recuerda cumplir, al menos, con una obra de caridad. Muchos ingratos se confortan al mentirse: yo no le pedí nada.
El hijo regresa de una siesta y pregunta: Vieja, en mis sueños corría por la playa ¿la arena es verde y el mar rojo?. Sí, Ángel.
Cuando ya no tiene gracia llega la aprobación de “arriba”. Los carceleros se asoman a la caverna y encuentran dos cadáveres descarnados. Tres pobres que se murieron a tiempo de ahorrarse más disgustos. El de Ángel, se ha conservado casi intacto.
Los devotos que visitan su tumba necesitan de la magia para conservar la fe. Corren nuevos rumores: en el ataúd de Ángel no hay osamenta alguna. Esto indigna a la mayoría y libera a la minoría. El Director se ve presionado y manda otro rumor: "Ángel, el milagroso" se ha levantado de su tumba. El nombre de sus padres será purificado.
Ahora todos olvidan al hombre, la mujer y el hijo. Los pobres de la caverna ya no pueden ser utilizados. Ya no son, ni siquiera, una idea liberadora.

Sobre la autora:  Ada Inés Lerner

jueves, 21 de agosto de 2014

Autoestima - Ada Inés Lerner


Nadie puede cruzar la frontera,
que lo separa del otro por la sencilla razón
de que nadie puede tener acceso a si mismo.
Paul Auster

Raquel había conseguido armar una historia que ni su propia madre podría refutar. Raquel pensaba que la verdad no existe, es un accidente y como tal insignificante en el tiempo, la historia que ella armaba en su cabeza y repetía una y otra y otra vez había cobrado cuerpo y lo más importante es que la hacía feliz.
Podemos participar de ese salón del poema ilustrado —me dijo yo tengo un importante curriculum como pintora, mirá este cuadro obtuvo el 3er Premio en el Salón Nacional y aquel otro Mención especial en la Galería de las Artes y el que está en el bastidor tiene el Primero de la Primavera del Salón temático, pero ahora vamos a tomar el té. Me lo trajeron de China, directamente, un comisario de a bordo que fue mi amante en otras épocas, pero aún somos buenos amigos, las buenas relaciones hay que conservarlas ¿no te parece?
Qué buena suerte había tenido yo al conocer a Raquel, tenía algunos poemas que quería presentar y necesitaba de alguien como ella. Volví a mi estrella en una alfombra mágica y me dormí cuando ya no me iluminaron las tres lunas.

Sobre la autora: Ada Inés Lerner

Bancarios – Héctor Ranea


En el Banco Integral Orgánico de Reservas, Silos e Incorporaciones (BIORSI) los gerentes reunidos tenían poco de qué estar alegres. Lo que había dicho el Presidente fue terminante.
—Es, según dicen los científicos a cargo —continuaba —uno de los efectos reconocidos de la acción del Cesio 137 en conjunto con el Yodo 131. Y, claro, esa maldita dosis de Plutonio.
—Pero de esa manera, nuestros depósitos van a licuar el activo de varios otros Bancos menores indirectamente, Sire —manifestó con su habitual genuflexión el Gerente de Circulación y Encaje.
—En efecto. La avalancha producida hará que los Bancos afluentes que aportan se vean succionados por el fuerte tsunami inverso, si se me permite la metáfora, que va a producir nuestro superávit lanzado al mercado —quiso explicar el Síndico Universal de Contenedores de Capital. —Lo peor es que, aunque es nuestro capital el que puede generar esta conmoción, no saldremos indemnes de esta. No señor.
—Hará presión negativa por los canales normales de flujo —quiso aclarar el Gerente de Sucursales y Servicios Tercerizados— y arrastrará consigo toda la masa acumulada en los silos de las subsidiarias. Por cosas mucho menores se desataron la tercera guerra mundial y también la cuarta, les recuerdo —apuntó con el lápiz al ventanal.
Un visible estremecimiento fue unísono en los dientes de los gerentes. Imaginaban las escenas de pánico en el grupo y la clientela y eso los involucraba emocionalmente.
—Y diría —dijo el Gerente de Conexiones y Servicios —que nos tenemos que preocupar desde ya. Esto es urgente, a juzgar por estos gráficos.
Todos asintieron en medio de un silencio momentáneo que se les antojó lúgubre a los presentes.
—¡Es alarmante! —dijo con la voz quebrada la Gerenta de Comercialización de Subproductos, contagiando su congoja a la Subgerenta de Créditos Bursátiles y al Director de Sucursales de Recolección. El único no jerárquico que asistió a la reunión intentó evitar la lipotimia del Gerente de Conductos de Comunicación a quien ya estaba asistiendo la Gerenta de Salubridad y el de Seguridad Sustentable.
El Presidente se sentó con un gesto de opresión abrumadora sobre sus hombros y cejas. Por poco no baja la cara, cosa prohibidísima en la Reunión de Estrategias. Se hizo un silencio más significativo que mil palabras.
La Gerenta de Recursos Humanos revisó su ordenador en el cristal de la mesa de Directorio y comentó algo al oído de su Subgerente, quien pidió permiso en el acto para ausentarse.
—¿Puedo saber a qué se debe esta intempestiva salida? —dijo el Presidente.
—Señor, según nuestros informes lo anunciado por usted ya comenzó. Y parece ser que nuestro Banco ha sido afectado.
—¿Pero cómo? —clamó el Presidente no sin asombro— ¿No habían tomado las pastillas los empleados?
—Parece ser, señor, que las dosis de Plutonio han sobrepasado las esperadas y la diarrea es mucho peor.
—Entonces sí que tendremos el mega-tsunami tan temido —dijo apenas repuesto de la lipotimia el encargado de las cañerías o Gerente de Conductos.
—Ahora a las cloacas las administra el diablo, Sire— intervino el que tenía que proceder a la destapación de esos caños. —Todo se fue directamente al carajo. Esto nunca nadie se lo soñó. No estábamos preparados para…
—¡Cállese! ¡Háganlo callar! ¡Que venga seguridad y lo mate! ¡Quiero la Productora de Conferencias de Prensa para preparar una como la gente!
La gran diarrea universal que atacó a la población después de tanta irradiación, no pudo ser controlada por el BIORSI ni por ninguno de todos los emprendimientos conjuntos. Se pueden imaginar la situación. No quiero ser escatológico.

Sobre el autor:  Héctor Ranea

Billete de ida - Xavier Blanco





A veces la vida es un camino que nos lleva a ninguna parte...

Pronto aprendió que la vida era un camino perpetuo que se bifurca de forma caprichosa. Había que tomar decisiones. Se lió la manta a la cabeza y, un mal día, inició su viaje de ida hacia ninguna parte. Al final llegó a su destino, y allí nació su hija. Imaginar la entristece, se le disipaban los recuerdos. Podía visionar cómo su abuela tejía con su cabello diminutas trenzas. Resonaba en su memoria el sol inmenso de las mañanas, los atardeceres policromos, las noches claras de primavera.

Hoy es domingo, de los de verdad, libra uno de cada cuatro, deambula, pasea con su retoño del brazo por los parques y avenidas de esta gran ciudad. Existir es un desafío. La urbe la oprime, la maltrata, la empequeñece, enmudece su alegría, ahoga su silencio. No se ha acostumbrado a vivir sin cielo. Le falta el aire, añora el aullido del viento, el crepitar de la madera presa por el fuego. Mientras camina, entre el retumbo de los cláxones y el humear de los vehículos, sueña con su vida pasada. Fantasea con su niñez no vivida, con los árboles que crecían en su país, con el cielo inmenso y azul, lleno de estrellas, con el que cubría sus noches. Imagina el trinar de los pájaros, el aroma de la hierba que ascendía bajo sus pies. Divaga sobre el color de la lluvia, sobre el olor del firmamento. Sentada en el banco, su vista se pierde en la nada, y cuando el sol se derrumba fantasea con la luna que se mece en el horizonte, y sueña los sueños que nunca vivirá. Se siente sola, vacía, despoblada. Mira a su hija, le caen lágrimas, que surcan sus mejillas.

Han pasado los años, pero todavía le cuesta dormir. Algunas noches los sueños se convierten en pesadillas: en gritos que ahogan su cuello, en la sombra de la muerte que acecha tras el batir de las olas, en el agua salada que abrasa su piel, en el miedo al miedo. Revive los días a la deriva, al albor del viento, la noche infinita, los amaneceres fríos e inciertos. Se estremece al recordar aquella maldita patera que naufragó en las costas del primer mundo, donde ella se siente la última, sólo basura. De nada sirve lamentarse, sabe que no es cuestión de tiempo. Ya no recuerda cuando perdió las ilusiones. Al borde del precipicio vagabundea la voz de su madre que le susurra historias, siente sus besos y esa es su única dosis de esperanza. Abraza a su niña, que nunca conocerá a su padre ni a su abuela. Llora, le abate la niebla. Hace tiempo que sabe que no hay billete de vuelta.



Acerca del autor:  Xavier Blanco
Tomado del blog Caleidoscopio http://xavierblanco.blogspot.com/2011/10/190-billete-de-ida.html

Panopea - Ada Inés Lerner




Procuro no dejar rastro porque Panopea me descubre si camino libre y me sigue con amor casi virtuoso. No es que me encele o me preocupe porque Panopea no es ligero, infiel, o indolente, sí es constante en el lenguaje y se pone feliz cuando acierta a la hora de comunicarse con los niños. Antaño me ocurrió soñar con libertad alguna pero desde que lo conozco mi destino está infecto y deambulo casi a su ritmo. Me invade cierta apatía y desconcierto porque representa una parte de mi futuro y por su obsecuencia no acierto a dar con la fuerza que necesito. Su presencia es popular entre la barriada. Un aficionado a la ufología, barbudo y extraño, sostiene en la mesa del bar que Panopea llegó a nuestra calle desde una nave espacial. Referente al fenómeno de la llegada de Panopea alguien ha postulado, asimismo, que su origen familiar habría sido ya conocido en los vecinos antiguos, en los cuales se han relatado este tipo de sucesos. En este traspaso de información genético, postulan que sería posible reconocer episodios relacionados a la presencia de ascendientes panopeos y también de cierta inclinación a defender su territorio. El que Panopea no sea bello no me apura. Así es mi Panopea.


Acerca de la autora:  Ada Inés Lerner

sábado, 16 de agosto de 2014

Veintisiete - Giorgio Manganelli


Un señor que poseía un caballo de excepcional elegancia, una mansión fortificada, tres criados y una viña, creyó entender, por la manera como se habían dispuesto los cirros en torno al sol, que debía abandonar Cornualles, en donde siempre había vivido, y dirigirse a Roma, en donde, suponía, tendría ocasión de hablar con el emperador. No era un mitómano ni un aventurero, pero aquellos cirros le hacían pensar. No empleó más de tres días en los preparativos, escribió una vaga carta a su hermana, otra todavía más vaga a una mujer que, por puro ocio, había pensado en pedir por esposa, ofreció un sacrificio a los dioses y partió, una mañana fría y despejada. Atravesó el canal que separa la Galia de Cornualles y no tardó en encontrarse en una zona llena de bosques, sin ningún camino; el cielo estaba agitado y él con frecuencia buscaba abrigo, con su caballo, en grutas que no mostraban rastros de presencia humana. El día decimosegundo encontró en un vado un esqueleto de hombre, con una flecha entre las costillas: cuando lo tocó, se pulverizó, y la flecha rodó entre los guijarros con un tintineo metálico. Al cabo de un mes encontró una miserable aldea, habitada por aldeanos cuya lengua no entendía. Le pareció que le prevenían de alguna cosa. Tres días después encontró un gigante, de rostro obtuso y tres ojos. Le salvó el velocísimo caballo y permaneció oculto durante una semana en una selva en la que no penetraría jamás ningún gigante. Al segundo mes cruzó un país de poblados elegantes, ciudades llenas de gente, ruidosos mercados; encontró hombres de su misma tierra, supo que una secreta tristeza arruinaba aquella región, corroída por una lenta pestilencia. Cruzó los Alpes, comió lasagna en Mutina y bebió vino espumoso. A mediados del tercer mes llegó a Roma. Le pareció admirable, sin saber cuánto había decaído los últimos diez años. Se hablaba de peste, de envenenamientos, de emperadores viles o feroces, cuando no ambas cosas a un tiempo. Puesto que había llegado a Roma, intentó vivir allí al menos un año; enseñaba el córnico, practicaba esgrima, hacía dibujos exóticos para uso de los picapedreros imperiales. En la arena mató un toro y fue observado por un oficial de la corte. Un día encontró al emperador que, confundiéndolo con otro, lo miró con odio. Tres días después el emperador fue despedazado y el gentilhombre de Cornualles aclamado emperador. Pero no era feliz. Siempre se preguntaba qué habían querido decirle aquellos cirros. ¿Los había entendido mal? Estaba meditabundo y atormentado; se tranquilizó el día en que el oficial de la corte apuntó la espada contra su garganta.

Acerca del autor:  Giorgio Manganelli

Hacia delante - Rafael Blanco Vázquez


Cuando dejó de fumar le dio por beber, aunque también se puso a hacer ejercicio, si bien es verdad que comía cada vez más.
Había dejado atrás su juventud, pero ahora follaba mejor, claro que también se enojaba más, y eso que por fin se estaba quedando solo.
Se acordaba con nostalgia de la época en que se rapaba la cabeza, de las chicas que le pasaban la mano por el cráneo ahora que chicas más grandes le acariciaban el pelo.
Ni siquiera comprar champú era anodino.
Vivió en varios países, siempre presa del mismo balanceo entre el descubrimiento y la melancolía, entre la exploración y el rechazo.
Antes iba más al cine, ahora leía más libros.
Antes leía de todo, ahora sólo novela negra.
Ahora las películas las veía en casa, y eran todas de terror.
Y por las noches, mientras tomaba whisky y rememoraba los tiempos en que leía otros libros y veía otras películas y tenía otras edades y transitaba otras calles y fumaba y follaba peor y apenas se enojaba, indefectiblemente se hacía la misma pregunta: ¿qué va a ser de mí?

Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez

El dedo - Feng Meng- lung




Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.

-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.

-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.


Acerca del autor:  Feng Meng- lung


martes, 12 de agosto de 2014

Una camarera abre los ojos - Fernando Andrés Puga




Un whisky no siempre es efectivo para asimilar las derrotas. Creyó que sí; sería de tanto ver a los parroquianos que noche tras noche se dormían frente al vaso. Ella había sido abandonada después de haber sido seducida por el más apuesto de los galanes que frecuentaban el bar y supuso que entre el dorado brillo del scotch podría olvidar la humillación que sentía. No pudo. Lo único que consiguió fue un cambio marcado en la mirada de sus ojos deslumbradores apenas entreabiertos, unas profundas ojeras y una estrepitosa caída desde la banqueta que la sostenía frente al viejo mostrador.
Al volver en sí encontró a su Adonis pidiéndole disculpas. La camarera enamorada del príncipe encantador creyó estar soñando, pero no. Era él quien durmió enroscado en el viejo sofá de la desvencijada habitación del hospital esperando que ella despertara. No podía creerlo. Pensó que sería la resaca, algo que nunca había experimentado pero que todos decían que hasta podía producir alucinaciones. Le dolía la cabeza, sentía el revoltijo en el estómago, quería ir al baño… mientras él seguía con las disculpas.
—No sé por qué te dejé sola. De haber sabido lo que pasaría no lo hubiera hecho, pero quién podía imaginar que te emborracharías. ¡Y con ese whisky barato! Por suerte llegué a tiempo antes que algún depravado quisiera aprovecharse de vos.
—Está bien, no importa —susurró ella, pensando que el oportunista había sido precisamente él y que no contento con eso, volvía a la carga. Quería que se fuera, que no la viera en ese estado. Tenía que mirarse en el espejo, segura de que parecía un monstruo—. ¿Por qué no me dejás sola? ¡Por favor! En cuanto salga de acá te llamo. ¿Te parece?
—No, no. De ninguna manera. ¿Cómo te voy a dejar sola?
—Pero eso es lo que quiero.
—No, de ninguna manera. Estoy en falta y tengo que acompañarte —. Insistió él con cara de borrego degollado.
De pronto ella se dio cuenta. Tenía ante sí a un reverendo pelotudo que no sería capaz de respetarla ni amarla como ella se merecía. Esta nueva lucidez ¿sería consecuencia del alcohol? Al fin de cuentas parece que algo pasa después de unas cuantas copas.
Cerró los ojos, los oídos, la boca y todo su cuerpo, segura de que al día siguiente él ya no estaría.


Acerca del autor:  Fernando Andrés Puga

El hámster - Rafael Blanco Vázquez



- Yo nunca pensé que la vida sería esto.
- Pues yo siempre pensé que sería esto.
- ¿Y a quién se le ocurre pensar que la vida será esto o lo otro en vez de esperar que la vida sea lo que sea?
- Pero la vida es lo que es según nuestro pensamiento.
- Pero ese pensamiento lo va modelando la vida.
- Pero pensar y vivir van de la mano.
- Pero se estorban.
- Pero el estorbo hace avanzar, ¿qué sería de la vida sin obstáculos?
- Yo conozco a un tipo que vivió sin estorbos y avanzó igual, de la cuna a la tumba.
- Pero la vida no es ir de la cuna a la tumba. Yo conozco a un tipo que nació en la calle y murió en un coche.
- Tú eres tonto, chaval.
- Eso es lo que tú piensas.
- No, eso es la vida misma.
- ¿Una vida sin pensamiento? Yo a veces tengo pensamientos sin vida.
- Los pensamientos son como la vida, no siempre es fácil distinguir a los vivos de los muertos.
- Eso es puro pensamiento. ¿Por qué no vives un poco?
- Déjame pensarlo.
- Pero mientras piensas vives.
- Estamos encerrados en una columna de aire. Salgamos de aquí.
- Socorro, auxilio, ¿quién nos ha robado el mes de abril?
- Qué lindo pensamiento esconde esa pregunta. Mi vida cobra todo su sentido.
- La vida no tiene sentido, pero nuestros pensamientos le otorgan uno.
- Pero la vida les va quitando sentido a los pensamientos.
- Pues vale, pero yo quiero ser pensado en vida.
- Todos somos el pensamiento de alguien que sin pensarnos no vive.
- Mi madre me llama mi vida. ¿Podría llamarme mi pensamiento?
- Podría, si no fuera porque es tonta, como tú.
- Así es la vida. ¿Pero quién nos convierte en tontos, nuestra vida, nuestros pensamientos o los pensamientos de los demás acerca de nuestra vida y nuestros pensamientos?
- Me cago en mi vida sólo de pensarlo.
- La verdad es que esto no es vida.
- ¿Te imaginas que antes de vivir pudiéramos pensárnoslo dos veces?
- Nos pasaríamos la vida a las puertas de la vida.
- Y como no sabríamos lo que es la vida diríamos que sí por curiosidad y estaríamos en las mismas.
- Di vida y vencerás, decía Julio César.
- ¿Ves como eres tonto?
- Puede ser, pero la vida es movimiento.
- No, la vida es pensamiento.
- Pero el pensamiento se mueve.
- Dando vueltas sobre sí mismo.
- Pero eso no le impide tener ritmo.
- ¿Te gusta el ritmo?
- Me gusta el ritmo.
- Pero el ritmo y el blues van de la mano.
- Pues entonces cantemos un blues.
- Un, dos, tres.

Ven acá nena
Y échame los brazos al cuello
Déjame sin resuello
Y dime que te da pena
Mi indiferencia

Ven acá hermosa
Y bésame sin parar
Abre mi cuerpo de par en par
Y dime que te da cosa
Tu impertinencia

Yo quisiera entregarme a ti
Yo quisiera vivir sin mí
Pero no puedo
Eso sí tú ven y bésame
Y dime que tienes fe
En tu remedio

Ven acá linda
Y bebe un whisky conmigo
No escuches lo que te digo
Sólo espera hasta que me rinda
Santa paciencia.


Acerca del autor:   Rafael Blanco Vázquez

El obrador - Guillermo Vidal



La nave apareció en el cielo sin que ningún instrumento la hubiera detectado abriéndose paso entre la espesa capa de nubes. Atravesó silenciosa la ciudad ante la mirada entre extasiada y temerosa de lo gente y se detuvo encima de la isla cubriendo toda su extensión. Un poderoso escudo impedía vulnerar el perímetro donde se instaló y los intentos de comunicarse con el descomunal artefacto habían resultado inútiles. La imagen despertó terrores profundos largamente alimentados por las películas de extraterrestres, pero pasaron las horas y nada sucedió que hiciera sospechar un ataque.
Sin embargo en el interior del espacio impenetrable se podía observar un intensa movimiento, la nave había descendido casi hasta tocar las chimeneas de la fábrica abandonada hacía años, extensos tubos fueron poblando el espacio entre la isla y el artefacto, especies de insectos de aspecto artificial se movían en las flamantes instalaciones con celeridad y cumpliendo órdenes secretas. Luego de varios días de actividad ininterrumpida un conjunto de estructuras empezaron a tomar forma.
—Es un obrador—dijo el general—,y lo más probables es que estén construyendo una base. Es lo que yo haría —concluyó por toda explicación.
—Entonces no se trata de una invasión —acotó el embajador.
—No, es una fuerza de ocupación, lo suficientemente poderosa como para no temer represaría y con una demostración de poder tal, que se propone por sí misma como instrumento de disuasión ante un posible ataque de nuestra parte.
—Entiendo, es una estrategia que conocemos.
—¡Nosotros no somos una fuerza de ocupación!
—Vamos general, no están aquí como turistas. Los dos portaaviones y tres destructores anclados en nuestra bahía podrían reducir a cenizas la capital, si acaso un día se despiertan de mal humor
—No lo creo —dijo el general—nuestro humor es muy estable.
—También lo sería el nuestro con ese arsenal en nuestras manos.
—Le recuerdo a su país que estamos aquí por propósito de defensa, para proteger sus intereses.
—Nuestros intereses que tanto los benefician. Pero me parece que es un propósito que ya no pueden cumplir. Por esa razón vengo a entregarle de parte de mi gobierno la invitación a la fiesta de despedida que le vamos a ofrecer.
—¿Nos están echando?
—Después de que se llevaron enormes beneficios durante largos años, hemos decidido que nuestra hospitalidad ha llegado al límite.
—No creo que sea decisión de ustedes.
—Claro que no lo era hasta hace pocos días pero hicimos un trato con los aliens, nos saldrá más barato que mantenerlos a ustedes.
—¿Entonces saben lo que vinieron a hacer los extraños?
—General, intuyó muy bien sobre la nave, es un obrador y están construyendo un colector de materia oscura. Le cedimos la isla por un siglo, a cambio nos darán protección y por supuesto no aceptaran que nadie intente dañar sus intereses.
—Esto no termina aquí.
—Le sugiero que guarde las amenazas y los barcos para proteger su propia nación, le aseguro que van a necesitar hasta los arcos y flechas, aunque sea para preservar la dignidad porque lo demás lo van a perder. La despedida empieza a las nueve en punto, no lleguen tarde, no les gusta esperar. Les sugiero que hagan las valijas, tienen hasta medianoche para retirarse. Después de las doce, general, sus poderosas armas pueden quedar convertidas en zapallos. Fue una idea de a los aliens, les encantan los cuentos de hadas.


Acerca del autor:  Guillermo Vidal

¿Esto será un mandala? - Oscar R. Ruiz


Miro el reloj y descubro Que las doce del Mediodía quedaron Cuarenta Minutos Atrás. Apenas me Quedan veinte párr almorzar y El Ascensor una hora this no está colapsado. Ningún tengo remedio Más Que lanzarme Por las escaleras Hacia la planta baja. Apurado, compro Una manzana en "El Altiplano", y estafa Resistencia le entrego al boliviano Que Me Atiende mis ultimos mangossueldo el cinco. Ante lo Evidente de mi Gesto, me dados:-Acá VENDEMOS Las Mejores manzanas de la ciudad.
Cruzo la calle. Alcanzó una sentarme en el banco de la placita, (milagrosamente Vacío). El sol de agosto me da de LLENO en la Cara y me reconforta. Sí Ahora, Sentado, Comodo y famélico saco del Bolsillo millas manzanalmuerzo, le doy sin Tarascón Que me permite (es Todo un EJEMPLO de Eficiencia) deglutirme, ONU de la estafa bocado solo, La Mitad. Dispuesto a Terminar el Asunto, abro la boca del hasta Que las comisuras me duelen, Cuando asoma Sobre la manzana medios, Primero, la cabeza de la ONU gusano e INMEDIATAMENTE DESPUES el resto de do Cuerpo. Me LLENO De Una SENSACIÓN naturales de asco, instalándose en mi Mente La Cara del bolivianoverdulero riéndose un mas no Poder. Me Siento
profundamente estafado. Prometo fervorosamente no comprarle Nunca Nada más, Y además, busque Fuerte de Como Para Qué me ESCUCHE del Otro Lado de la calle le grito A Modo de venganza luz: - ¡Hijo Chorro e'puta!
MIENTRAS del tanto el gusano, Totalmente despreocupado y ajeno de mi Reacción, Se Mueve Por La media manzana de Como Se Mueve Cualquier gusano: about el culo al cogote (o de como Quiera Que se LLAME el Extremo trasero y delantero y de los gusanos) En Un Movimiento de repliegue, Levantando el DE como lomo sin fuelle estafa CADA contracción. De verde de color claro, ojos rojos, repugnante y, Aunque No Mucho Que ya es chiquito y sin pelos Tiene. Apoyado en mi manzana, Levanta la cabecita, Arruga del los pliegues y me mira (Por lo Menos, yo Creo Que Me Mira), le devuelvo la mirada Pero la mía lleva odio incluido, y de como si me entendiera, le grito: - ¡Gusano de mierda! -Al Instante doblo HACIA Dentro mi dedo Índice, Apoyo la uña Sobre la yema del pulgar, párr Formar ONU Círculo y convertirlo en gatillo un, Que Disparo estafa Fuerza pegándole Con La uña de LLENO en el culo (o se del como LLAME EL
Extremo trasero Que Tienen los gusanos). Venta Despedido de la manzana Desafiando la Ley de gravedad. Cae al piso. Se Recupera y Sigue do rumbo en la plena ignorancia de Que do Destino es ENCONTRAR Alguna Otra fruta o perecer de inanición.
Entretenido Con El gusano no lo veo Venir al Tucu y ya Lo Tengo Encima. Nada Que Pueda Hacer.
- ¿Tenés la guita? -Me increpa de una, directo como siempre. Alcanzó un lo balbucear Primero Que se me ocurre:
- Eeeeee, siiiii, buenoooo, Ahora no. Eeeeee, a la Tarde. Cobro Hoy.
El Tucu, solo Que laburo Levantando quiniela, sí traga la mentira un Pesar Que Hoy Es Veintitrés.
- ¡A Las Cinco Estoy acá, y Mejor que Tengas la guita! -Se va. Me quedo estafa manzana mordida medios y sin quilombo entero Que No se como arreglar: Le Debo al Tucu mil mangos from HACE MAS DE mes de la ONU, (empecinado en agarrar al veintiocho, Que se Niega a salir), no sope ONU Tengo, mi Crédito no está agotado en Todos Lados y Encima No Se me ocurre nada. ¡Pienso! Pienso! Vuelvo al laburo.Sigo pensando. Me Morales llama:
- ¡Che, pendejo! Anda al banco, pagaté ESTO y Despues Archiva Las boletas. ¡Apurate te Que cierra! -Me da las boletas de luz y gas de la Oficina y la plata. Me Rajo de la Oficina. En el ascensor rumbo a la planta baja cuento la guita: setecientos Cincuenta pesos. Miro al cielo agradeciendo al de arriba y me la guardo en el Bolsillo.

A Cinco Estoy en las puerta del la del Trabajo. El Tucu ya no está Sentado en el banco de la placita, esperándome.
- ¿trajiste la guita?
- Tomá, seiscientos consegui. Achica la Deuda. En dos Días te doy Lo Que Falta. -Le paso la plata y agrego, Dandole Otro billete-: Jugame ESTOS CIEN al veintiocho a la cabeza.
El Tucu Empieza a juntar bronca. Los ojos en sí le inyectan de sangre. Cara Con de odio me agarra, me mira y me Fijo dados: - ¡Gusano de mierda! -Acto Seguido me pega patadón tremendo un, Que Me Hace aterrizar despatarrado estafa Toda mi Humanidad en El Medio de la Vereda de la placita. El Tucu sí va llevándose CONSIGO, los setecientos mangos y la raya de mi culo Pegado a la punta de do zapato. MIENTRAS me hago masajes en la instancia de parte dolorida, veo de como le pasa la plata al Capitalista. Onu gordo de Que ESTA Con Dos Ursos En Un Mercedes, estacionado en la puerta de la verdulería. De Repente bajan del los Ursos, lo agarran inmovilizándolo al Tucu. Se baja el gordo. Cara de odio. Ojos INYECTADOS de sangre, y le dados: - ¡Gusano de mierda! -Ahí nomás le Pone al Tucu patadón tremendo un, trastabillar Que lo Hace, Terminar párr contra Los Cajones de naranjas y manzanas de "El Altiplano". Las frutas Por Supuesto sí desparraman porción Toda la vereda HACIA Ambos Lados y also Hacia la calle, la Mayoría hijo aplastadas Por los autos Que circulan Pero Una manzana Llega rodando, del hasta intacta el  cordón de la vereda Donde me encuentro. Entonces, Si Como hubiese nada Pasado el gusanito verde claro, HACE UN agujerito en la manzana metiéndose en ella, sí about el bolivianoverdulero, la Levanta y la estafa junto Pone las Otras en El Cajón párr Poder vendérsela al prximo Cliente.

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Oscar Ricardo Ruiz

jueves, 7 de agosto de 2014

El mar - Paula Duncan




Ella no conocía el mar, no sabía de su inmensidad, de su color, de su aroma, sólo conocía su sonido, lo tenia guardado en un enorme caracol, que le regaló un amigo al regreso de sus vacaciones en la Villa; lugar al que ella anhelaba ir con toda su alma.

Escuchaba anécdotas de guitarreadas en la playa de amores efímeros y amistades para toda la vida, y sentía que caminaba entre los médanos, bajo los rayos un sol abrasador; podía sentir el movimiento de las olas mojando sus pies, la espuma salpicando de pequeñas burbujas su cara, el perfume de sal metiéndose en el cuerpo por cada uno de sus poros.

Pasó la adolescencia deseando, muchas cosas; la vida no fue generosa con ella, muchas veces tenía lo mínimo indispensable para sobrevivir; pero ella deseaba ver el mar, no en una lámina ni en el cine, quería conocerlo en persona.

Por mucho tiempo tuvo que conformarse durmiendo con su gran caracol al lado del oído, y escuchar de amores en la playa con música de guitarra.

LLegó el tan ansiado momento, casi con lo justo para ir, volver y una merienda escasa se subió a un micro de segunda categoría lleno de valijas bolsos, paquetes, niños inquietos y bebés llorando nada le importaba ella era feliz esperando el ansiado encuentro…

En el viaje entablo conversación con un joven de su edad o un poco más, y se asombraron al ver que ambos iban en pos del mismo sueño, y que les costó mucho conseguirlo, días de ahorrar monedas privándose de algo en hogares donde todo faltaba; al rato de estar charlando parecían conocerse de años y planearon pasar el día juntos y a última hora emprender el regreso a su cotidianidad gris y plana

De madrugada cuando todo el pasaje parecía dormido, ellos comían caramelos para engañar al estómago vacío desde hacía muchas horas; se sabían cerca de su sueño, faltaba una hora escasa…

Una frenada brusca los sobresaltó, miraron a su alrededor algunos ni se despertaron, otros gritaban asustados hasta que el chofer los calmó diciendo que no pasaba nada solo debían esperar para reanudar la marcha.

Ellos, sin equipaje decidieron caminar; ya podían divisar la playa, el amanecer pintaba colores en sus ojos

La inmensidad del mar apareció detrás de un médano y se desplegó ante ellos en toda su magnificencia, la mirada no alcanzaba ante tanta desmesura, se sintieron pequeños ante semejante paisaje, jugaron se mojaron, se tiraron en la arena, almorzaron frugalmente y cuando caía la tarde se sentaron en unas rocas con los pies en el agua; el sacó su vieja guitarra y muy juntos recordaron viejas canciones de amores de verano, no se dieron cuenta pero tenían varios espectadores, algunos entre las pequeñas olas, otros en los granos de arena y también sobre las rocas, estaban cuidandolos, para que llegaran bien al viaje, y entre el rumor del mar y la música se olvidaron que tenían que volver a una vida angustiosa; ya ni el hambre molestaba y se fueron quedando dormidos abrazados…

Un señor ejecutivo de una gran empresa se dispone a desayunar antes de comenzar la jornada, entra el mayordomo y después de darle los buenos día le alcanza los diarios de la mañana; hay muchos; de informacion general, de finanzas, en varios idiomas y debajo de todos, un humilde periódico local al que decide no prestarle atención, sus negocios no están ahí, lo descarta y llega al piso con la primera plana hacia arriba, en ella una foto de dos adolescentes con un epígrafe: fueron hallados muertos abrazados en la orilla del mar, después de salvarse de un trágico accidente en la ruta…


Acerca de la autora:  Paula Duncan

Psico - Raquel Sequeiro




Tenía un calor abochornante. Miró por la ventana. Pablo se había despedido de ella media hora antes, cuando estaba terminando de ponerse el sostén. No mediaron palabra. Él bajó los escalones sin hacer ruido; olvidó los calzoncillos en algún lugar de la casa. Imaginar que Pablo iba en plan comando le hizo mucha gracia, ya no tanto que con el dichoso calor se estropeasen sus campos de fresas. Pablo levantó el auricular.
-Los enmarcaré en un cuadro. Cuando regrese tu hermana le va a encantar.
Pablo hizo una mueca al otro lado del teléfono, le dijo te quiero y colgó. Su hermana estaba muerta desde hacia tres semanas. La estúpida que sabía enconntrar su ropa interior perfectamente doblada en el galán, nunca descubría nada de interés, de hecho era la peor criminóloga que había conocido en su vida; eso pensó, hasta que un marco con cristal y sus calzoncillos perfectamente estirados dentro, le invitaron a pensar en la cena dentro de la cárcel, esperando, en el corredor de la muerte, que la chica no siguiera enfadada por haberle echado un polvo penoso. Se acarició el pelo. Se fijó en que los calzoncillos tenían una mancha de tomate.


Acerca de la autora:  Raquel Sequeiro

Violencia en el espacio - Ada Inés Lerner




Durante un reconocimiento de rutina, dos astronautas sufren un accidente y quedan dando vueltas en la órbita de un planeta desconocido. El ingeniero Gabriel Byrne, astronauta con experiencia y su ayudante, John McArtur, un operador de radio e inexperto navegante van solos en su misión. Mientras buscan encontrar el momento propicio para abandonar la órbita que circunvala al planeta, Byrne prueba la comunicación con la Estación Espacial Tierra que está bloqueada por fallas en el buffer. Conecta el piloto automático y verifica la reparación del sonido. McArtur disgustado le reprocha su actitud, ésa es su tarea. Enfurecido enfrenta a Byrne y se trenzan en una agria discusión que los lleva a la violencia hasta que McArtur atontado flota en la falta de gravedad y golpea contra los comandos, apaga la computadora y la nave queda en caída libre hasta que Byrne logra estabilizarla aunque ya ha perdido el rumbo y las coordenadas, logra auxiliar a McArtur y acomodarlo en su sillón con las correas para evitar el peligro. Byrne se dedica ahora a reparar los daños y no advierte que su compañero, enceguecido, le clava una herramienta filosa por la espalda y lo hiere de gravedad. Ahora ninguno está en condiciones de pilotear y McArtur desesperado abre la escotilla y se tira al vacío.


Acerca de la autora:  Ada Inés Lerner