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martes, 7 de octubre de 2008

Últimos recuerdos - Frank Roger


Apresurado, como todas las mañanas antes de ir a tomar el subte, David cruzó la calle para comprar el diario en un kiosco. Cuando comenzó a llover, se dio cuenta que, para su desgracia, se había olvidado el paraguas.
Empapado, bajó las escaleras del subterráneo; se maldijo a sí mismo por ser tan distraído. Unos minutos más tarde se sentaba en el tren, pero sus deseos de leer el diario se frustraron porque no pudo encontrar los anteojos, ¡Cómo podía haberlos olvidado, también! Dejó el diario a un lado y sacudió la cabeza. Ese era uno de esos días en los que todo sale mal. 
Con la mirada fija en la ventanilla mientras el tren avanzaba velozmente, trató de pensar en algo positivo.
Al llegar a la oficina, uno de sus colegas, le preguntó:
—¿Escuchaste las noticias, David? ¿Leíste el diario?
—No, no pude. Me olvidé los anteojos y también el paraguas, ¡Mira mi ropa!
—No eres el único que sufre de problemas de memoria. Es una pandemia.
—¿De qué estás hablando?
—En todo el país la gente ha empezado a olvidar cosas. Al principio, sólo se produjeron incidentes aislados, pero ahora en las rutas y en los aeropuertos han ocurrido grandes accidentes. Parece empeorar con el correr de las horas.
—¡Dios mío, es terrorífico! ¿Existe alguna explicación para este fenómeno?
—Todavía no. Nadie sabe cuanto va a durar, o cuando terminará, si llega realmente a terminar.
David movió la cabeza.
—No lo puedo creer. Esto puede llegar a ocasionar un colapso mundial ¿Hacia qué desastre nos llevará todo esto?
Por unos pocos minutos, David y sus colegas permanecieron con la vista fija, absortos en sus propios pensamientos.
De pronto, David se dio cuenta de que un buen número de sus compañeros estaba ausente.
—¿Dónde están Cindy, Maggie y Jeff? —preguntó David—. ¿No aparecieron? Supongo que se habrán olvidado de venir a trabajar. Será por el mismo problema.
—¿Cuál problema? —inquirió alguien. Por un momento permaneció en silencio, dudando de lo que había querido decir.
—No lo sé —admitió David, por fin—. ¿Hablé de un problema?
Al rato, estaban todos en sus escritorios, como siempre, trabajando duro. Las espantosas noticias sobre la pandemia ya se habían desvanecido por completo de sus mentes.

Título orignal: Final Recollections
Traducción del inglés: María del Pilar Jorge

martes, 2 de septiembre de 2008

El primer hombre en Marte - Frank Roger


Lewis apenas podía creer lo que estaba viendo. Marte: la nueva frontera. Contempló sobrecogido el cielo rojo y el paisaje estéril que se desplegaba ante él.
Soy el primer hombre en Marte, pensó. Todo lo que estoy haciendo será un hito en la historia de la humanidad. El espacio nos llama a un glorioso futuro. Después de los primeros pasos en la Luna de Armstrong, esto será un gran salto hacia adelante.
Avanzó un poco más, probando la leve gravedad del planeta rojo.
—Estoy escribiendo la historia —le dijo por el micrófono al centro de control—. Mis huellas sobre el polvo marciano guiarán al hombre a las estrellas.
Pero en lugar de la voz del comandante del centro de control, escuchó los estridentes tonos de su despertador. Se sentó en el catre y comprendió que el sueño había terminado.
Había regresado a la fría y dura realidad. Se levantó y se vistió para otro aburrido día de trabajo en la base lunar Malzberg, un abandonado puesto de avanzada que era el amargo recordatorio del fracaso del sueño de la conquista del espacio.
Miró por una claraboya y vio a la Tierra —ese horrible lugar con su deteriorado medio ambiente— colgando en la negrura del cielo.
La cuna del hombre, pensó, y probablemente también su tumba. Tal vez debería sentirse feliz de estar allí arriba, en esa destartalada estación lunar con su inestable gravedad artificial.
Marte ya había sido olvidado.

Título original: The First Man on Mars
Traducción del inglés: María del Pilar Jorge