viernes, 4 de diciembre de 2009

La cajera del ciber mercado U - Jean-Pierre Planque


Siempre he sentido debilidad por las cajeras. No lo puedo evitar, así está la cosa. Cuando Fred me habló de la nueva cajera del Ciber-U, de inmediato quise ver qué pinta tenía…
Era una japonesa sintética, súper cableada que el señor Radubi había instalado en la caja número 4. ¡La cara de orgullo que tenía el señor Radubi! No era experto en informática, pero eso no le impidió leer todas las instrucciones, inclusive las escritas en inglés, y colocar bien a su robot en el ángulo derecho de la entrada principal de la tienda. ¡Era lo primero que veías al entrar! Las cajeras normales, bueno, quiero decir humanas, le lanzaban miradas fulminantes. Ya se podía sentir como iba a terminar eso, que se iban a comer entera a la recién llegadita.
Hice mis compras como de costumbre. Ni sé lo que tomé de los anaqueles. No importaba. Una única idea me daba vueltas por la cabeza: quería ver cómo tecleaba los precios en su máquina, levantaba la mirada, se rascaba la espalda, no sé, esas cosas sexys. Todos lo saben, las mujeres no son nada fáciles. Me gusta observarlas. Por ejemplo, me pregunto a qué hora desentornillan de su asiento a la empleada de correos. Igual que con la panadera que siempre está sonriendo. A veces me pregunto si me vende pan o más bien sus tetas. Pero su sonrisa dura tres segundos y se extingue una vez que pago. Vuelvo a ser un desconocido, casi un pobre diablo. Y eso, no me gusta. Todo esto para decir que las mujeres de verdad a veces toman actitudes de robots…
La japonesa me miró. Me sonrió. Me gustaron su rostro y sus manos. Leyó los códigos de barra con la punta de las uñas. Normalmente era el momento de hacer mi cheque y firmar. Ella me miró y luego me dijo:
—No eres igual. —Entonces pasó algo raro. Efectivamente me sentí diferente. Le dije:
—No te preocupes, vendremos a liberarte.
Las palabras me salieron así no más. Aún no sabía lo que iba a hacer. Seguramente una estupidez… 
—Bueno chicos, nos la jugamos tranquilamente. Fred, tú neutralizarás el sistema de alarma y de cámaras. Conoces bien lo tuyo. Manu, tu vigilas nuestras espaldas, te quedas escondido, por si acaso. Entraremos por puerta de atrás, la del almacén, no está blindada. El señor Radubi ahorra en seguridad, peor para él… —Me reí en off, pensando en un anti-eslogan—. Lo terminaremos todo en cuatro o cinco minutos.
—Yo manejo la 4x4 —prosigue el pequeño Ahmed—. Me meto en el almacén y nos hacemos una fiesta. ¡Tomemos la mayor cantidad de cajas que podamos y adiós!
Suelto una risa indulgente.
—No importan las cajas, Lo que nos interesa está en la tienda… —Todos me miran, sorprendidos. No entienden—. —¡En la tienda está la nueva cajera y es a ella a quien quiero! —Siguen en la luna. Pronto me va a dar un ataque—. ¡Cuesta muy caro! —les digo—. ¡Más que las cajas de cassoulet, los congelados o inclusive las botellas de champán! ¡Es high tech! ¿OK? Además, ¿han visto su sonrisa?
No debía haberlo dicho, Ahmed se ríe.
—¿Está enamorado el poeta? ¿Nos metes en un robo para satisfacer tus intereses personales? Te prendiste de sus senitos de silicona, ¿es eso?
Lanzo un vistazo hacia Fred. Sobre todo no hay que dejar que los subalternos se propasen.
—¿Fred?
Fred es el ícono de la banda. Todos los chicos lo respetan. Lo que va a decir es de capital importancia. Puede destruirme con unas palabras. ¡Mierda, me sorprendo a mí mismo cruzando los dedos!
—Tiene razón. Esa tía vale entre tres y cinco mil euros. Seguramente hasta más… De todas maneras, cada uno robará las cajas que quiera. ¡Habrá tiempo de sobra para eso! ¡No se preocupen!
Así es mi Fred, sobrio en palabras y en actos. Es un informático que ha estudiado mucho tiempo. Concluyo de inmediato:
—Bueno, Fred me ayudará a desmontarla. La llevaremos en la 4x4. Luego, hacemos como está planeado. ¡Nos vemos mañana para el robo del siglo! ¡Al lado nuestro, Mesrine es un aficionado! 
Todo sucedió impecablemente, bueno, para mí. Al descablearla de su silla, lancé un vistazo al escote de la nipona. Ahmed tenía razón. Nada grave. Fred ponía manos a la obra, lo disfrutaba. Había identificado la carta ROBOX y el control de los movimientos. No dejaba de repetir:
—¡Es lo máximo, esta tía! ¡Hay que desactivar el módulo E/S y todo está listo, embalamos a nuestra bella princesa! —Yo la miraba. Sus ojos oblicuos estaban vacíos. Parecía una muerta. Pero cuando Fred apretó la base de su nuca y que el cráneo se abrió, entonces me sentí mal. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza. Me recordaba a Manu y sus crisis de abstinencia, cuando rueda por el suelo babeando. Fred gritó: —¡Ya está, ya lo tengo! ¡Es nuestra! —Me metió por las narices un objeto minúsculo—. Es el módulo E/S. —Lo habría podido matar. Esperaba encontrarme con algo sangriento, una cosa arrancada de su cerebro. Era un componente electrónico. Un objeto frío, mortalmente banal. ¡Ella me había hablado, demonios! Me había dicho con su vocecita aflautada: “Tú, no eres igual”. Ninguna mujer me había dicho algo así antes de ella.
Había que largarse de allí. Escuchaba cómo Ahmed se excitaba con el acelerador de la 4x4. 
Ayudé a Fred a reiniciarla. ¿Hablaría? ¿Qué me iba a decir, mi bella japonesa? Finalmente sus labios se animaron.
—Los juegos de Seúl estaban preparados. Vieron las bellas imágenes en las teles del mundo entero. La guerra de Irak, todo son imágenes, inclusive el hombre en la luna, una broma.
—¿Ah? ¿Qué son todas estas tonterías? —pregunta Fred, estupefacto—. ¿Qué historia nos está metiendo?
—Capricorne One. Yo sé muy bien lo que soy. Una ilusión fabricada. Pero tú, ¿quién eres realmente? ¿Podrías apostar sobre lo que eres?
¡Ah, la cara de Fred! Realmente me encanta esta tía. Revenderla está fuera de discusión… 

Traducción del francés: Tanya Tynjälä 

5 comentarios:

reltih dijo...

full, bacan, muy full tu escrito. me tramó. un abrazo

Posmoderna dijo...

buen relato, y si en vez de decirle que es único (algo que enloquece a los hombres, siempre quieren ser únicos o primeros en algo, lo que sea) le hubiese dicho "¿efectivo o tarjeta'"

buen dia, gracias por venir.


saludos!

Jose Vicente dijo...

à partir de maintenant je vais voir les caissières supermencado autrement ... et m'excitent pas rien, jejejeje

Planque dijo...

Merci à tous mes amis !
JPP

Planque dijo...

Gracias a todos !
Abrazos.
JPP