viernes, 6 de enero de 2012

El acoso - Jaime Arturo Martínez


La relación era muy tensa desde antes de casarse. Le era intolerable que su marido dedicara todo su tiempo libre en leer cuento, tras cuento. Ella lo vigilaba y entonces encendía cuanto artefacto había para desconcentrarlo. Un día, él no aguantó más. Aprovechó un descuido de ella y se subió a un barco, donde unos jugadores apostaban sobre la legitimidad de un collar de perlas, luego recorrería Samoa, el río Paraná, en compañía de un moribundo picado por una culebra, y hasta a París fue a dar, al apartamento de una señorita amiga. Ella no se quedó con los brazos cruzados. Y visitó, día tras día todas las bibliotecas de la ciudad. Una vez, casi se da de frente con él, cuando andaba con Funes, otras veces lo siguió de cerca por la campiña toscana, por Canterbury y por Rusia, cuando él acompañaba a una dama con un perrito. Pero un día lo encontró de cuerpo entero, mientras estaba totalmente distraído. Veía asombrado como el pintor Wang Fo terminaba un cuadro y cómo para escapar del emperador, éste se embarcaba junto a su discípulo Ling en un bote que había pintado dentro del cuadro. El alcanzó a ver el visaje de ella y se lanzó tras el bote. Impotente, ella lo vio alejarse agarrado de la borda, flotando entre las aguas de ese mar de jade.

El autor: Jaime Arturo Martínez Salgado