domingo, 7 de agosto de 2011

Gato encerrado - Eduardo Betas


El hombre tiene un gato encerrado, pero dentro de sí mismo. Por eso cada noche sale a maullar por el barrio. Lo hace a la misma hora en que la gran mayoría de sus vecinos aplastan los ojos contra una pantalla que les cuenta sobre Gran Hermano o Patinando por un sueño. Pese a ello, el único denunciado por loco es el hombre-gato.
“Es un hombre de 30 años que de día parece normal. Si hasta nos cruzamos cuando cada uno sale para su trabajo”, cuenta un vecino de este barrio tranquilo, en la provincia de San Luis.
Y así como hay amores que matan, hay normalidades que asustan.
“Decidimos llamar a la Policía porque no sabíamos qué hacer”, detalló Carlos Castro, vecino del barrio Eva Perón, donde vive este hombre felino.
Pero la policía tampoco supo qué hacer con esta persona de costumbres atípicas para el barrio puntano, como la de dejar la marca de sus uñas en las calles.
Calles por las que deambula, pasadas las once de la noche, ligero de ropas y pleno de libertad.
“No podemos convivir con una persona así, en esta zona viven muchos chicos y tenemos miedo por su seguridad. No sabemos si este hombre puede ser violento”, le dice una vecina a un periodista, de esos que nunca faltan cuando pasa algo raro. Mientras, desde una ventana, no muy lejos de ella, un piberío grita alrededor de un televisor donde pasan la serie “Policías en acción”.
Pero ya para ese momento, el hombre gato -a quien parece que nadie ha intentado preguntarle nada- duerme el sueño de los pichicateados a la fuerza con matacaballos cuyo efecto dura tres días.
Porque la policía se llegó al barrio Eva Perón y si bien, el hombre felino la peleó como gato panza arriba, igual lo sedaron -una manera pulcra de decirlo- y lo dejaron en su casa.
Los vecinos, más identificados con Tweety que con Silvestre, se horrorizaron cuando vieron que la policía en lugar de llevarse lejos al hombre gato, lo dejaba en su casa, lo más pancho, ronroneando…
Ahora temen que su libertad sea contagiosa pero, sobre todo, tienen miedo a que los maullidos del hombre gato no los dejen escuchar a los aullidos del conductor de televisión.

Con autorización del autor.

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