viernes, 18 de febrero de 2011

Con traje y corbata - Xavier Blanco


El día se presentaba esquivo. Se había despertado al alba con una sensación extraña. Era la misma que tenía después de una pesadilla, de un mal sueño, pero esta vez no recordaba nada. Hacía tiempo que el cofre de los recuerdos había perdido nitidez: ya no había detalles, sólo lugares sin nombre, momentos sin fecha, personas sin cara.

Se había levantado y aseado a conciencia. Y, como si una fuerza extraña le guiara, se engalanó con una camisa blanca, una corbata azul, y el traje de las grandes celebraciones. Todo ello sin razón, sin motivo aparente alguno. Hacía tiempo que no tenía nada que hacer y nada que celebrar, sólo vivir, y eso le ocupaba todas las horas del día. Había sido un hombre importante. Se miró al espejo y no reconoció su cara. Se ajustó el traje. Siempre hay que ir vestido para la ocasión –pensó-. Y las ocasiones pueden aparecer en cualquier momento, en cualquier esquina.

Salió al balcón. Un cielo azul invadía el paisaje y un sol brillante, dorado, había convertido el frío del otoño en una suave brisa de primavera. Cogió el paraguas, por si acaso. Mientras descendía por la escalera, camino de la calle, saludó a Don Genaro, el portero. No hubo respuesta. Le sorprendió. Miró su reflejo en un escaparate, seguro que no lo había conocido. Él tampoco se reconoció.

Siguió calle abajo, cogió el diario, saludó, pagó. Nada, nadie contestó. Como si no existiera. Se asustó. Se sentó en un banco del parque y cerró los ojos en señal de cansancio. Se sentía sólo, vacío, se extrañaba. Miró a su alrededor: el trinar de los pájaros, la brisa que soplaba, el color de los árboles. Se vio en un niño que correteaba, se reconoció en la sonrisa de un adolescente, se halló en las caricias de unos enamorados…

Abrió el diario y, mientras ojeaba aquellas páginas, se encontró con su foto, con su nombre escrito, con su biografía. Leyó la noticia y le entró frío: había fallecido la noche antes. Recortó la esquela y se la guardó en el bolsillo. Dobló el diario y lo dejó en el banco. Se ciñó el nudo de la corbata y abrió el paraguas. Abatido por la noticia inició pesaroso su caminar hacia el infierno, sin despedirse de su vida.

© Xavier Blanco 2011.
Tomado del blog Caleidoscopio http://xavierblanco.blogspot.com/2011/02/31-con-traje-y-corbate.html

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