miércoles, 10 de febrero de 2010

El iceberg - Adriana Alarco de Zadra


En medio de una neblina tupida y rodeada de agua por todas partes, trato de enfrentarme a la cruda realidad: me estoy muriendo. El frío me hiela hasta los huesos, no siento la cara y el último pez que hubiera llenado el vacío que siento en el estómago, se me escapó de las manos entumecidas y volvió a caer al agua.
Una niebla húmeda, persistente, gris y muda que atenúa los sonidos y los sentidos, las visiones y los sabores, una soledad infinita, una tristeza sin fin, es todo lo que me rodea.
Al rato me refriego los ojos para quitar la escarcha que se acumula en las pestañas. Una pared alta y blanca, casi transparente se va acercando al bote o quizás yo me voy aproximando; aún no he decidido lo que está sucediendo realmente.
El olor a sal se hace más fuerte, el sabor del último erizo me rebrota a los labios, el sonido del viento vuelve a estallar en mis oídos. ¿Regreso al mundo o me estoy embriagando de delirios?
Por la pared resbala el agua a chorros, lo que es inconcebible. ¿Se está derritiendo una isla ante mis ojos? Sí sé que cierta parte del planeta está en época de deshielo, pero ¿tan rápidamente? Olas impetuosas me empujan hacia el borde de la isla transparente que es de hielo lleno de carámbanos, sombras y fantasmas.
Anclo mi bote entre rocas blancas y bajo con precaución para no resbalar por los cauces que abren grietas en el suelo helado del lugar. Increíble es la cascada que vertiginosa cae al mar desde lo alto. Como un volcán de agua, como un crujir de témpanos, como un disolverse de la materia sólida en otra líquida, como un deslizamiento de tempestades que abre un barranco en un páramo de hielo.
¿Quién soy? ¿Alguien me pregunta que quién soy?
Una mujer extraviada, una exploradora, una náufraga de un barco ballenero sin hogar ni rumbo fijo. Quise ser descubridora, conquistadora, navegante, comandante; llenaba mi vida de sueños y mis ojos de mar. Mi vida se acaba y soy una gota de agua más en esta inmensidad. Yo no soy nadie. Puedo existir o no existir, soy algo más en medio de la vida que prosigue. ¿Y, cuál vida?
Camino como sobre escamas de hielo que se comienzan a fundir y a deslizar bajo mis sandalias que no me protegen del frío. Estoy entumecida cuando veo filtrarse entre la muralla de nubes grises un rayo de luz. Me detengo y alzo la cara hacia esa luz. Esa luz que es vida, que da vida, que ilumina la vida. Pero nada se mueve a mi alrededor.
El frágil suelo que piso, en cualquier momento se hunde y puedo terminar mis días atrapada en un hielo transparente.
El fulgor se hace más fuerte. ¿Es movimiento lo que veo?
Una sombra detrás de la muralla que se está derritiendo me hace pensar que hay algo más que yo en medio de los témpanos helados. Me aproximo mientras un destello refleja sobre los cristales y me ciega. Distingo una sombra que, al diluirse el entorno, descubre una nave distinta a todo lo que he visto antes. Es muy grande y redonda; rodeada de puntas que empiezan a girar lentamente, y esos extremos como cuchillos van rajando las paredes como tratando de librarse de un cascarón que lo oprime. ¿Se está liberando o está naciendo? Es enorme. Se desliza hacia la cascada y el agua termina de descubrir su inmensa mole. Es de metal brillante que gira y lanza rayos brillantes desde algunos orificios. No puedo moverme aunque el glaciar parece que se estuviera hundiendo. El frío o el rayo me han paralizado. Sólo observo, girando los ojos, lo que tengo alrededor. Mi cuerpo ya no me obedece. Me voy a congelar y me va a cubrir la escarcha de esta isla.
Saliendo de la cascada un ser extraño se aproxima. Un ser con sólo un ojo en medio de la frente. Un cíclope infernal, un monstruo que estuvo prisionero de la roca helada. Siento que me levanta con dos brazos escamosos, metálicos, potentes, y yo sigo inmóvil como una estatua de hielo. Sus pies enormes se dirigen hacia la nave que ha abierto un tabique en un costado. ¿El cíclope quiere raptarme, subyugarme, comerme, matarme? ¿Es un ser extraterrestre? ¿Es un sueño, un delirio o me estoy muriendo y es el camino al más allá?
Me desmayo del terror mientras la niebla alrededor va encerrando en su muralla helada el misterio de esa nave incógnita.

2 comentarios:

Florieclipse dijo...

Me quito el sombrero, Adriana. Es un cuento enorme. La manera en que vas hilando una imagen tras otra me llevó hasta ese lugar, a ese frío... me quedé petrificada. Excelente.

Javi dijo...

Muy bueno, inquietante, exquisitas imágenes y sensaciones.