domingo, 31 de enero de 2010

Bookcrossing - Víctor Lorenzo Cinca


En la calle ya oscura hace frío y ha empezado a llover. No llevo paraguas, por lo que me refugio en el primer bar que encuentro, me acomodo en la barra, y pido un café descafeinado. Tengo que llamar a Julia para decirle que voy a tardar un poco en llegar a casa. Excepto el camarero, un tipo delgado y ojeroso enfundado en una camisa demasiado grande, no hay nadie más en el local, que por cierto, compite en oscuridad con el exterior. Tras el primer sorbo advierto que a mi lado, sobre el taburete, hay un libro envejecido, cubierto de polvo, sin título. Lo debe haber dejado, pienso, un utópico de esos que se dedican a liberar libros mientras los niños asiáticos cosen sus camisetas reivindicativas o bajan a la mina, y me río, solo, claro está, de mi ocurrencia y de su doble moral. Lo abro y leo un párrafo al azar, de las primeras páginas. Se describe a un niño que, para poder ver sus huellas, camina de espaldas por la arena de una playa, episodio que curiosamente me recuerda a una tarde de verano de mi infancia. Paso unas pocas hojas y me sorprendo al toparme con un diálogo muy parecido al que tuve con mi madre años atrás cuando descubrió que fumaba. Miro extrañado al camarero, que desde un rincón de la barra observa cómo llueve a través de los cristales mientras va secando mecánicamente unos vasos. Sigo hojeando el libro y me topo con réplicas literarias de mi primer beso, mi primer desengaño, y mi primer trabajo. Hasta del día en que conocí a Julia. Paso unas páginas y leo perplejo que en la calle ya oscura hace frío y ha empezado a llover, que el protagonista no lleva paraguas, por lo que se refugia en el primer bar que encuentra, se acomoda en la barra, y pide un café descafeinado. Cierro el libro de golpe, para no entrar en una espiral sin fin de la que temo no poder salir, pero me puede la curiosidad y lo vuelvo a abrir, esta vez por la parte central. En dos líneas se insinúa que el personaje principal tiene problemas con la bebida, en otras tres se esbozan los primeros problemas de pareja, y en un extenso párrafo se detalla explícitamente una discusión que termina a golpes. Descubro en la parte final del relato al protagonista durmiendo en un cajero, sucio y alcoholizado, y siento pena por él. Sin atreverme a saber cómo termina la historia, dejo de nuevo el libro sobre el taburete y llamo a Julia para decirle que voy a tardar un poco en llegar a casa, que no me espere despierta. Cuelgo, me termino el café de un trago y pido resignado un whisky al camarero. Doble. Sin hielo. Por favor.

2 comentarios:

Mery Larrinua dijo...

...please...no digas que yo te estoy escribiendo este comentaro...no vaya a ser que aparezca en ese libro.....
buenisimo!!!!!!

Víctor dijo...

Gracias por comentar, Mery. Un abrazo.