
Santa Claus no esperaba pasar semejante Navidad. Primero le llegó el despido de la Coca Cola porque la crisis del capitalismo se había agudizado en los últimos doce meses y estaban prescindiendo de todos los empleados mayores de ciento cuarenta y seis años. A continuación se enteró que los renos habían contraído la temible Espirocolitis Laponiensiis y ya no servían ni para hacer asado. Lo que siguió no fue menos deprimente. Su compañera de toda la vida, la inuit Tapiriit Kanatami, anhelando soles y playas, se había ido con un basquebolista de la NBA que se parecía bastante a Baltazar; ahora vivían en una playa privada del mar Rojo, cerca de Qatar. Y aunque su deseo había sido encontrar recursos para superar la crisis, remató la cosa yendo a la consulta del famoso terapeuta Siegmund Rabinovich: sobre llovido mojado. Tras media docena de sesiones, el gordo se vino a enterar que había soportado un trabajo humillante, mal pago y sin futuro porque era pedófilo.
1 comentario:
Querido Sergio: esta vez has logrado sacarme una dosis importante de carcajadas estruendosas con esta historia de Santa en crisis; te dejo un abrazo.
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