sábado, 2 de mayo de 2009

Je, je, je, Jesús - Max Goldenberg



- A ver alumnos… Si tengo diez invitados a almorzar y tengo un pan para cada uno pero resulta que llegan siete invitados más ¿Cuántos panes le tocan a cada uno?
- Uno a cada uno, señorita.
- Jesús… ya me tenés cansada con ese tema. ¿Cómo vas a hacer para que le toque un pan a cada uno, me querés decir?
- No sé, señorita, sólo el que provee, proveerá. El que peque, pecará. Pescará mejor dicho. Algo se pescará si peca, señorita. No peque, señorita. Hágame caso.
- Pero… Jesús… ¿Cómo me vas a decir eso? A vos no te importa si peco o no peco. No es tu problema.
- ¿Está libre de pecado, señorita?
- Pero por supuesto, Jesús. ¿Qué pregunta es esa?
- Entonces arroje la primera piedra y fíjese si hace patito en el agua, señorita. Yo la voy a buscar si necesita.
- Ni me hables del agua, Jesús. Ya me enteré de lo que andás haciendo en natación. Y no es gracioso. La profesora está muy asustada. Eso de andar caminando en el agua no es gracioso, Jesús.
- Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. Y si no llama, use el magiclick, señorita.
- Ay, Jesús, Jesús… vos y tus dichos. Yo no sé qué voy a hacer con vos, Jesús.
- Haga conmigo lo que haría con usted, señorita. Porque el que hace, deshace. El que teje, que haga un echarpe que viene el invierno y sólo quien sufra el frío sabe lo que es un niño hambriento. Y un niño hambriento es un niño que le va a romper la paciencia, señorita.
- Estem… no entendí nada, Jesús. Alumnosss… por favor… alguien que vaya a la dirección a buscar el mapa para la lección de geografía. ¿Nadie quiere ir? De acuerdo: alumno Lázaro. Vaya usted. Lázaro… ¿no me escucha? ¿qué le pasa, Lázaro? ¿está muertito?
- Lázaro… levántate y anda. Anda hasta la dirección en busca del mapa, del camino, del lienzo donde se dibujan montañas y mares. Anda, Lázaro, anda mientras puedas. Yo sé lo que te digo. Y si no andas tú, que ande Pilatos. ¿Cómo que no te importa, Pilatos? Vamos vamos, no te laves las manos…
- ¡Jesús! No se meta usted. Siempre haciendo lío, siempre metiéndose en defensa de los demás. ¿Quién te creés que sos, Jesús? Acá sos uno más. No quiero oirte, no quiero escuchar más lo que tengas para decir. ¿Estamos de acuerdo?
- Señorita… me está crucificando…
- No, señor… estoy tratando de dar clases como se debe. Y me cansé de darte explicaciones de todo lo que hago o dejo de hacer. Acá soy yo la señorita y vos el alumno. Ya me lo advirtió tu compañerito Judas. Me contó todo lo que hacés y tiene razón: basta.
- Judas no sabe lo que hace. ¿Sabes qué, Judas? Te perdono. Y a usted también señorita. Porque sólo quien perdona puede comprender cuánto importa el perdonar. Y el perdonar, señorita, sólo se recibe cuando se es perdonado mas, cuando no lo es, no lo es.
- Jesús… Me cansaste: andá a ver al director.
- No me haga la cruz, señorita.
- Te vas a la dirección, Jesús.
- ¿Cuál es la dirección correcta, señorita? ¿La que marca usted, la que marco yo, la que marcó Polo? Porque Marco Polo tuvo su rumbo. Dijo: yo, Marco Polo, marco polo. Y fueron todos para allí, para el polo. Con el tiempo les fue bien y pusieron una heladería. Mas el frío del polo no se compara con el frío del desamor, señorita. Entonces… ¿voy o no voy? ¿ser o no ser? ¿Azúcar o edulcorante?
- Azúcar, Jesús. Azúcar.
- ¿Cuántas, señorita?
- Con tres está bien, Jesús. Gracias.
- No… gracias a usted.

Extraído de: http://max.com.ar

[texto bajo licencia Safe Creative / todos los derechos reservados]

4 comentarios:

Melba dijo...


Muy interesante. Gracias por publicarlo.

Salud♥s

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Tema inagotable, si los hay. Hace años que espero la aparición en Argentina de humoristas irreverentes que se metan con la religión y la política, la historia, las costumbres y la filosofía como lo hicieron los Monthy Python... ¿Será Max la punta de un iceberg?

Max Goldenberg dijo...

Que bueno, Melba, que te gustó.

Sergio: me estás poniendo una mochila gigante pero que acepto de buen grado. Vamos a ver qué pasa...

Amén

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Dudo que la mochila te doblegue. Y tanto la aceptación de buen grado como el "Vamos a ver qué pasa..." me inducen a pensar que no le erré al blanco por mucho. En algo andás, vos. Ya me enteraré.