jueves, 19 de febrero de 2009

Gato meditando - Héctor Ranea


El gato de Heisenberg es drogón y obsesivo. Le gusta arrastrarse sobre un convoy de hormigas para que lo muerdan y le inyecten ácido fórmico. Pero sólo quiere que sean 101 hormigas. No sólo porque más le producirían un daño irreversible, sino porque 101 es el primer primo de tres dígitos. No sólo necesita que sean 101 hormigas, sino que requiere que toda hormiga le clave sus guampas sólo una vez. Además de lo ya dicho, es matemático y químico, porque distingue en el ácido los restos de ADN como para identificar a la hormiga para no ser inoculado dos veces por ella. 
Como todo gato, desconfía bastante de la capacidad intelectual de su dueño, sobre todo en el orden teológico del conocimiento, y prefiere pensar que no hay un dios matricial ni un dios funcional. Es más, este gato, para más datos, es ateo. 
Entre su dosis diaria de fórmico y sus elucubraciones sobre el cielo sin dioses, el gato de Heisenberg deplora el destino de su colega, el de Schrödinger, un señor más acostumbrado al vino y otras delicias como lo fuera su dueño, no tendría que haberlo sometido al encierro letal a su pobre gato y condenarlo a vivir eternamente en un estado enrevesado. 
El gato de Heisenberg, ahora que se quedó sin dueño, medita profundamente durante su siesta cuáles serán los próximos pasos que dará para conseguir otro dueño con jardín poblado de hormigas coloradas como para asegurarse su dosis de veneno.

6 comentarios:

Florieclipse dijo...

El gato de Heisenberg necesita ir a terapia o mudarse al predio que te conté, que está lleno de hormigas coloradas bien gordas. Sería como un paraíso de ácido fórmico.

Ogui dijo...

además de pájaros que aportará ya sabremos quién...

Salemo dijo...

Pájaros pornográficos y gatos drogadictos . Una pregunta don Héctor: ¿Son animalitos autóctonos de su provincia o de algún zoo privado suyo?

Nanim dijo...

Creo que conocer algo del autor en estos cuentos agrega y suma. La ciencia se escurre en sus ficciones y brinda una puerta por la que podemos -o no- pasar. No son casuales los nombres de los dueños de los gatos ni sus características. Yo suelo tomarme el trabajo de investigar un poquito, para sacarle una tajada extra a sus cuentos aunque éstos, de por sí, sean una unidad con vida propia. Nada es casual en sus cuentos, Ranea...

Ogui dijo...

Ojo con el gato de Heisenberg! El señor Salemo me pregunta sobre la procedencia de estos animalitos. Creo que días atrás, acomodando mi biblioteca (mentira que haría reír a mi señora esposa) unos de estos se escaparon a poblar el mundo. No los creé yo, lo juro. Pero por ahí van, creciendo y multiplicándose (supongo, por números enteros).
En cuanto a la causalidad, la tengo a media asta, señora Nanim. No sé si creerle a Usted o creerle a sus designios (de la causalidad).
Juguemos en el bosque, mientras el gato de Heisenberg se droga!!

Nanim dijo...

Preguntémosle a Ranea de qué libros de su biblioteca salieron esos gatos. La física y la matemática se le cuelan por la literatura.