miércoles, 27 de noviembre de 2013

El espacio interior - Ada Inés Lerner


Cuando Juan regresa, tras haber estado sometido a las condiciones de microgravedad y a la radiación del espacio, suele volver muy débil.
Pero nada se pierde porque nada puede existir sin su doble, por eso la información que se almacena en las células queda en el ángel de la guarda y los dobles de los astronautas están en algún lugar del mundo. Si esos dobles se encontraran, alguna vez por casualidad frente a la Torre Eiffel no se reconocerían, porque encerrados en sus paradigmas verían lo que quieren ver.
Juan vive con su cuerpo sus sentimientos y en otro tiempo su doble vive con otro cuerpo otros sentimientos.
Esto puede convertirse en un juego mortal. Juan pasó por esta experiencia metafísica atravesando miedos.
Pasaba por la Strassenbauer cuando ve sentado en una mesita, en un pequeño bar, a un sujeto parecido a él. Demasiado parecido. Pensó que era un engañoso reflejo y se volvió. El hombre seguía sentado en el lugar y aunque iba de camisa verde, traje marrón claro, zapatos al tono, era evidente que el parecido era asombroso. Se detuvo y lo enfrentó pero el otro siguió conversando con su vecino de mesa sin prestarle atención. Juan se sintió ridículo y se alejó muy intrigado. Como se dirigía a la universidad buscó en la biblioteca a Frau Kreimer quien comenzó a explicarle sobre el desdoblamiento del tiempo.
Más que confundido se dirigió a una iglesia pero el sacerdote le aconsejó conectarse a sí mismo y perdonarse el pecado original. Juan se quedó intrigado frente al altar y le preguntó al Señor, pero ya sabemos que en ciertos momentos el silencio de Dios puede ser agobiante.
El chaleco de fuerza suele dejarlos débiles y exasperados pero le dio cierta seguridad: nada más podía sorprenderlo. Y no es poca cosa para quien regresa del espacio interior.

Acerca de la autora:
Ada Inés Lerner

3 comentarios:

Maria Ester Correa dijo...

Muy bueno!!!!!

Maria Ester Correa dijo...

Muy bueno, exclente trama, final muy expectante.

Ada Inés Lerner dijo...

No había visto tus comentarios, gracias María Ester, son gratificantes.