lunes, 4 de julio de 2011

Verdadera historia de la infamia - Lilian Elphick



Que el lector no piense en Borges, el ciego, porque de universalidades tengo bastante. Que no piense que esta es una historia triste porque no es triste, sino un puñado de hechos no concatenados entre sí. Que el lector lea en voz alta estas palabras, sin titubear, señalando las pausas, acechando el silencio, porque ayer hablaba de una escritura que duele más que la infamia de no escribir, y sentarse a ver pasar la tarde; el gesto del viento. Vaguedades. Imprecisiones. La vergüenza del ayer. Los cielos demasiado azules; casi una mentira bondadosa. Que el lector, entonces, me tome la mano para hurgar juntos en los basureros del olvido, porque quizás allí duerma esta historia sin principio ni final, donde hay personajes que eligen la palabra equivocada, el mal aliento, la tríada del insomnio.
La infamia es tan particular; es así como cada lector se convierte en uno solo para decir que la muerte le ronda los ojos. O en las bacanales de la desolación, cuando el amor se pierde en una estación de trenes en medio de un humo de guerra. O un libro. O en la carta recibida y que no se puede contestar; leídas y releídas, las palabras pierden su norte; se extravían en la duda, que es una montaña de alfileres. Ahí está la infamia.
Decir más es imposible. Porque una palabra más es una explosión más, una mujer sin nombre, el hambre desdentada apoderándose del mendrugo.

2 comentarios:

Ada Inés dijo...

No busco clasificar este texto como hago casi por instinto de escritora, me dejo llevar por tus palabras que caen lentas y urgentes en mi entendimiento.

carmen dijo...

Me iba a acostar y vi esto y me duele el dolor,me duele el estomágo y tengo rabia y parece que esa rabia sigue contenida sin explotar.Voy a tratar de dormir.hasta mañana que en España será 7 de Julio,San Fermín,que no los soporto por cierto.