jueves, 25 de marzo de 2010

Vía del Quirinale - Mónica Sánchez Escuer


Te espero. Como todas las tardes, después del café. Y apareces puntual, al inicio de la calle, con tus amigas, caminando en fila india, como siempre. Cuando se acercan, no me atrevo a toser, a interrumpir el ritmo de las risas y voces que no alcanzo a distinguir. Ni siquiera puedo decir que he visto bien tu rostro, no sé el color de tus ojos, si tu labio inferior es más grueso, como creo; no conozco de cerca la línea de tus cejas, si forman una arruga en su centro cuando preguntas. Pero sí puedo ver, desde aquí, tu cabello castaño casi rubio, suelto como tú, recogido sólo a medias para mostrarle al mundo los cuatro dedos de tu frente. Veo tu delgada nariz, el perfil que dibuja tu sombra en los muros. Eres la más alta de todas, la única que ríe todo el tiempo. Pareces bailar con un rumbo preciso y natural cuando caminas. Tus piernas te siguen como mis ojos, llevan el ritmo discreto de tu oleaje, como mis manos que danzan moldeando tus hombros, tu pecho, que casi te tocan cuando me toco. Y por fin eres tú la que cae en la trampa, y no tu amiga de ayer, o las dos que siempre van juntas. Te agachas, recoges el hilo dorado que dejé en la acera, lo inspeccionas. Tu cara esquiva una sombra y de pronto se ilumina. Puedo verte. Eres hermosa, bellísima. Miro tu cuerpo todo, y el mío se tensa, te imagino aquí dentro, con el hilo dorado entre tus pechos. Hasta que una palma me sacude la espalda y toda tu imagen: el enfermero me dice que nadie quiere a un loco, que ya deje de soñar. Me asomo por estos cuadros de hierro que cuidan la ventana, que te cuidan de mí. Y tú ya no estás.


Este cuento fue elaborado a partir de la fotografía que me proporcionó Daniel Molina.


Tomado de Historias Baldías

2 comentarios:

TratoHecho.com dijo...

Con un final que además de sorpresivo resulta poético. Destaca la habilidad con la que la autora construye en unas líneas un instante de arrobo inmensurable para luego precipitarlo todo en la aciaga e irónica resolución.

Muy bueno

gracias

Ademir

Javi dijo...

De acuerdo con Jesús, hermmoso, sorpresivo y poético, pero ese tono poético creo que se halla presente desde el principio, aunque la sorpresa, lógicamente, esté al final.
Mis felicitaciones a Mónica y a su inspirada contemplación de esa fotografía.