sábado, 29 de noviembre de 2008

Las putas más viejas del mundo - Claudia Suberbordes


Tamarindo es un pueblo de putas. Desde tiempos inmemoriales, sólo han vivido en él las más bellas mujeres, dedicadas al noble arte de servir al prójimo, motivo por el cual la fama de Tamarindo se fue extendiendo por todas partes, de modo que no sólo llegaban a él clientes de los pueblos cercanos, sino también de la Capital, y hasta de los países limítrofes, tanta era la hermosura de las mujeres que vivían en Tamarindo.
También llegaban al pueblo muchas jóvenes que deseaban probar fortuna, pues cuando una niña era muy bella, y tenía vocación de servicio, sus allegados le aconsejaban: “Deberías irte a vivir a Tamarindo”. Y fue así como el pueblo de Tamarindo se fue convirtiendo en un gran burdel, lleno de hermosas samaritanas dispuestas a alegrar la vida de los hombres tristes.
Durante mucho tiempo, aquel pueblo prodigioso alimentó las fantasías y calentó los corazones de todos los hombres de los alrededores.
Pero los buenos tiempos de Tamarindo han pasado. Ya no llegan jóvenes en busca de un futuro promisorio, y las pocas putas que aún quedan en el pueblo son ya muy viejitas, todas usan gruesos lentes y dentaduras postizas, y caminan lentamente dando pequeños pasitos y ayudándose con sus bastones. Nadie sabe cuántos años tienen las putas de Tamarindo, puesto que hace muchos, muchísimos años que han dejado de llegar a él muchachas jóvenes. Los ancianos más memoriosos de los pueblos vecinos narran que sus abuelos alguna vez pasaron una noche de juerga en Tamarindo, y aún recuerdan los nombres de las chicas que los acompañaron. 
Las viejitas se reúnen por las tardes en la plaza del pueblo a tomar mate y a hablar de mejores tiempos, cuando todo el pueblo era una fiesta de amor, y las luces de las casas quedaban encendidas hasta altas horas de la madrugada, y había baile y se bebía y se amaba al prójimo.
Pero como la mayoría de ellas ya ha perdido la memoria, los relatos son en general inventados, de modo que la historia del pueblo se va enriqueciendo cada vez más con fantásticos relatos sobre reyes y príncipes famosos que alguna vez pasaron por allí.
Como ya ninguna de ellas puede trabajar, porque apenas sí pueden con sus vidas, los vecinos de los otros pueblos les llevan de vez en cuando canastas con alimentos y bebidas, y así sobreviven las pobrecitas. Cada vez que ven llegar a uno de sus vecinos ellas creen que se trata de un nuevo cliente que viene a verlas, y le brindan toda clase de honores, disputándose el privilegio de atenderlo.
Con todo, Tamarindo sigue siendo el pueblo más divertido de los alrededores, y vale la pena ir a llevarles algo de comer a las viejitas para escuchar aquellas fabulosas historias sobre las épocas doradas del pueblo de las putas.

3 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Interesante reseña del "TAMARINDO NEWS".

Erica Leona dijo...

Me encantó!!!

Diego Alejandro Majluff dijo...

¡Excelente relato! Un abrazo.