domingo, 4 de mayo de 2014

Risa - Valentina Vidal


Todo comenzó con una risa apretada, amordazada. De aquellas que cuanto más se aguantan, menos se evitan, hasta estallar inevitablemente en una ráfaga de carcajadas estrepitosas. Así que el tipo se reía y se reía, y una risa llevaba a la otra. Le gente se daba vuelta por la calle, porque aquel hombre no paraba de reírse. Alguno que otro se le acercaba, pensando que habría enloquecido, ó para averiguar que era lo tan gracioso, pero el reidor lo miraba y se reía cada vez más, lo que provocó que el averiguador también comenzara a reírse. Algunas personas formaron un círculo alrededor de ellos, porque les causaba gracia ver a los dos hombres reidores. Se juntaron hasta 10, 15, todas reían. Se miraban exhaustos, apoyándose el uno en el otro, intentando detenerse, pero eso les provocaba más risa aún. Los autos frenaban en medio de la calle, porque no daban más de la risa. Y así se fueron sucediendo las horas, las personas y todo el barrio se volvió una gran risotada.
Repentinamente el primer reidor se detuvo.
Se fueron apagando una a una las risas y los cubrió un gran silencio.
Los autos y los vecinos, retomaron su camino sin decir una palabra.
El hombre, se estiró la ropa sudada de tanto reír, hizo un bollo con el papel que tenía en su mano, lo tiró y se fue.
Al cabo de un rato, la kiosquera que había estado observándolo todo, tomó el bollo de papel y lo leyó:

Manuel,
Me voy. Lo siento.
Sandra.


Acerca de la autora:  Valentina Vidal


1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

Sano reírnos de nuestros dramas.
Sano reír.
Preferible evitar la risa entre la sopa al postre para no rociarnos de comida.
Pero riendo en la sobremesa se digiere mejor.