martes, 17 de diciembre de 2013

Un hito, un desliz, la quebrada y los tajos – Héctor Ranea


—¡Fesor! ¿Usted por acá? Lo creía muerto, sinceramente. No sé qué puede estar haciendo en un baño público.
—Y yo tampoco sabría, Feta, qué hace usted en una sala de grabación de música clásica, ¡qué quiere que le diga!
—¡Dígame hola, Feta!
—Como sea. Feta: ¿Usted está haciendo acá lo mismo que yo?
—Defina acá, por favor, Fesor. Yo diría que está en un baño y yo en una sala de grabación, por lo tanto no compartimos el acá. ¿O me equivoco?
—¡Usted nunca entendió el evento horizonte! ¿Verdad? La realidad no la define el espaciotiempo, Feta. ¿Cuántos cursos de Relatividad tomó?
—Dos cada ocho horas, como las pastillas del antígeno del vómito. ¿Estoy muy mal, Fesor?
—Nada. Se dopa con Relatividad y sigue bostezando sandeces.
—¿No le dije que estaba muerto? Para mí usted se murió, no sé cómo ni cuándo y mucho menos dónde.
—Nunca fue bueno con las matemáticas, Feta, nunca. Ni cuando nació y menos ahora.
—Somos nonatos, Fesor. Me enteré mirando mi partida de nacimiento.
—¿Ve que nació y me dice ser nonato? Feta ¿Por quién me toma?
—Es que no la encuentro. Sin partida no hay nacimiento. Lógica simple. Dura y pura.
—Mire, no me interrumpa más que voy a buscar a quien robó mis cuentos.
—¿Le robaron la autobiografía?
—En realidad, se la robaron a mi editor. Todo porque no quería el formato que yo había elegido. Ahora me quedé sin la sartén y sin el mango.
—Se dice ni pan ni torta, Fesor.
—Sin ton ni son.
—Son goró cosongo. ¡Chévere!
—¿Qué le robaron?
—Todo el libro. ¿Quiere saber cómo fue? El editor me contó todo con lujo de detalles, pero me cobró bastante por el lujo así que elegí el lujo barato. Vidrio coloreado, vodka de segunda. Ya sabe: mediopelo.
—¡Si lo sabré! Me toca dos veces por semana ir a la peluquería: medio pelo izquierdo y medio derecho. Menos mal que tengo dos pelos.
—Me refiero, Fesor, a que el Andaluz Gualarra le comentó al Paquirrín segoviano quien planeó junto al mozo de cordel Undiolaberrigagoytía el ataque que consistiría en que el jugador de vólibol con un casco de púas de platino iridio, le pegaría un mamporro de padre y señor nuestro al vidrio de la tienda del Gadalés donde guardaba yo el tesoro y digo guardaba porque ahora, con la sustracción difícil que lo llame tesoro, pues ha quedado drásticamente reducido ¡Malhaya la yegua baya!
—¡Vamos Feta! Todos sabemos de su yegua y nadie lo denunció todavía. Continúe.
—El del vólibol se hacía llamar Casquete, un aparato: el tipo se aproximó a la vidriera y le dio con la cabeza. El estruendo fue grande pero el impacto tan brutal que el del casco se quedó con el cuello pulverizado y él, postrado como almohadón de chiquero. Se dio contra la vidriera del Gadalés, que tenía más idea que ninguno de los efectos secundarios del alcohol.
—¿Y entonces?
—Bueno, el Gadalés le recogió la cabeza al Casquete y se la mandó a Gualarra con una nota: “Mejor suerte la próxima vez”.
—¡Carajos, qué huevos!
—No tanto. Nadie tiene buen humor ahí. Así que, a vuelta de correo recibió sus propios testículos envueltos en papel de estraza.
—¿Nada mejor tenían?
—Nada. El mismo papel que usan para los riñones en la novela de Joyce.
—No hay nada nuevo bajo el Sol.
—Es lo que digo yo. No entiendo por qué siempre me roba la línea, Feta.
—Usted me miente. Nadie vuela sólo porque su Jefe se lo pida.
—Pues mire si no, por dónde estamos volando. Me dejé el veneno para caracoles en los rosales. Volvamos, por favor.
—Así nunca progresaremos a personajes de novela. Ciertamente que no.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

2 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Gran Mirada al espacio tiempo del par de desubicados con ambiciones de ascenso.
Aunque incitan a dejar de pensar, o es que donde estoy son las cinco A.M. y contiene tal efecto agregado.
Pero como novela requiere tomar otro ritmo y replantear el espacio causal.

Ogui dijo...

Ciertamente, tiene un aire Dadá y Patafísico, por añadidura. Si estos personajes quieren llegar a ser personajes de novela van a tener que irse acostumbrando a tener más lógica pero, al final, ¿es todo una narración coherente y este exabrupto la excepción o es todo al revés?