sábado, 21 de diciembre de 2013

Un apetito real - Alberto Jaumot de Zuloaga


Habían invitado a cenar a todos los peces gordos del reino para su veintiún cumpleaños en una sala forrada de oro, plata y mármol. Su padre, el rey, le había cedido el sillón que presidia la mesa, junto con los deberes que esta requería: recibir a los invitados, ofrecer el brindis de honor y probar el primer bocado de la cena para dar su aprobación al chef y a los demás. Pero ahora que lo tenía en frente todo se había complicado. El plato consistía en algo tan sencillo como una tortilla con espinacas, algo que al rey le encantaba, en cambio él lo odiaba con todo su ser desde que en su más tierna infancia le habían mandado una semana a la cama, acompañado de arcadas y náuseas. Tenía los ojos cerrados para no ver la realidad pero se la imaginaba, a más de cien personas con sus miradas clavadas. Así que ya puestos a hacer el ridículo mejor hacerlo del todo, con una mano se tapó la nariz y con la otra cogió el tenedor que ya tenía un trozo de tortilla clavado. Hacía mucho calor, las luces le abrasaban como el sol, los susurros de lo comensales eran como el oleaje y el terciopelo de la silla como si fuera arena. Abrió la boca y se metió la tortilla con espinacas, en vez de notarla tierna y jugosa en la boca se le volvió asquerosa y crujiente, finalmente se la tragó. << ¡Ya está hecho!>> Pensó. Ahora solo había que abrir los ojos y enfrentarse a la realidad que lo rodeaba.
Los abrió y las luces se volvieron el sol, los susurros se convirtieron en el oleaje y el terciopelo en la arena misma que tenía debajo de él. La estratagema del pobre naufrago le había servido para comerse un bicho sin vomitar. Ahora para sobrevivir solo tendría que repetir esa fantasía doce veces al día, hasta que lo rescataran.

Acerca del autor:
Alberto Jaumot de Zuloaga

1 comentario:

Ana Jaumot dijo...

Felicidades Alberto, un juego inteligente de creatividad y muy bien redactado