jueves, 19 de diciembre de 2013

Buenas preguntas – Héctor Ranea


Se me acaba de ocurrir que estas pastillas que encontré entre los manuscritos una vez perdidos de mi abuelo, podrían ser las que decía haber fabricado y que le darían la vida eterna. ¿Cómo se me ocurrió? Porque mucho se había hablado en casa de las conversaciones que decía tener la nonna con algunas personas bastante raras. Y lo que circulaba entre nosotros era que el nonno había hecho algo con una madera de reloj antiguo y otras cosas de modo que le daban eternidad. ¿Serían esas las pastillas? ¿Por qué no las había tomado el abuelo? Probablemente, al usar esa madera no había tenido en cuenta la reacción de la abuela; sobre todo porque en esa caja la abuela guardaba el cuerpo de un antepasado de bastante fama. Conde, le decían entre murmullos mis primos. Y el abuelo molió la madera y parece que se quemó el Conde. Ahora tengo las pastillas, pero no sé si tomármelas. ¿Quién me asegura que funcionan? ¿Cómo sé que viviré eternamente si nada ni nadie puede certificarlo? Miro las pastillas. Ahí están, con una promesa de eterna vida, probablemente hasta de juventud eterna. La tentación es grande. ¿Cómo podría resistir? ¿Qué mal, después de todo, podría hacer tomármelas, más allá de algún trastorno digestivo? Y bien. Me tomé una pastilla. Habiendo visto que nada me sucedió, tomé otra. No sabiendo la dosis, es mejor exagerarla. Acá estoy, en la biblioteca de mi abuelo. No sé si envejecí, si seré eterno o simplemente si el tiempo transcurrirá más rápidamente y viviré el futuro sin haber envejecido. He tenido, debo decirlo, algún sueño por demás extraño que no referiré para no alertar con fantasmas estúpidos a quienes me quieran emular. Lo que ahora siento es sed. Mucha sed. ¿Qué podría calmar mi sed, que no es, claro, de tiempo, sino una jarra de buen vino? No; vino no. Mejor que sea sangre, mucha sangre.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

2 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Solo un paso para llegar a la ruleta rusa con pastillas.
Suertudo por quedar vampiro.

Ogui dijo...

A menos de un paso, Carlos. Mucho menos. ¡Gracias por pasar, leer y comentar!