martes, 19 de noviembre de 2013

El viento sopla cosas extrañas - Héctor Ranea


Como siempre que sopla el viento norte, las cosas se ponen raras en el pueblo. Los viejos se vuelven locos por las mujeres más jóvenes, las botellas de cerveza parece que se gastan solas, las polleras de las mujeres se pliegan para arriba. En suma: un desorden. Encima, en el patio de casa aparecen pájaros raros, traídos de quién sabe dónde, del norte, claro.
Una vez cayó un pajarraco bien zancudo, con el pico largo, el cuerpo con plumas negras, bastante golpeado porque debe de haber volado a los tumbos. El primero en verlo fue mi hermana, pero apenas la bestia bípeda empezó a graznar, tiramos la filmadora y nos guarecimos en el refugio para bombas hasta que se fuera.
Hoy, uno de los primeros días de viento fuerte, apareció un pájaro aún más raro. Ni idea de dónde pudo venir. Primera vez que veo un pájaro con brazos y piernas como de los nuestros, pero con alas, aunque bastante hechas pelota, por cierto. Y puteando como el verdulero de la esquina cuando encuentra media docena de naranjas picadas. Sus alas eran raras, multicolores, llenas de brillos, luces, sedosas.
Un aura que emanaba de la cabeza del pájaro me sonaba parecido a algunas pinturas que habíamos visto en el refugio. Como mi hermana no está más, me acerqué solo al pajarraco, le apunté con la pistola que nos había dado mi padre y, justo cuando le iba a dar un buen tiro, se da vuelta, me ve y me dice, airado:
—¡Bajá la pistola, piba! ¿Nunca viste un paracaidista?


Acerca del autor:  Héctor Ranea

4 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Gran micro.El género vive.

©Claudia Isabel dijo...

Héctor me encantó! :)

Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia dijo...

Hola, me encantó tu breve.

Ogui dijo...

Muchas gracias, Nélida, Claudia y Carlos. Un gusto que lean lo que hago.