domingo, 20 de octubre de 2013

Arquitalia - Raquel Sequeiro


El dragón gris y macilento entró por la ventana del loft de Sergei Adams, abrió la nevera y se acopló en el sillón de su abuelastra, al que le rompió dos patas, quedando este combado hacia la derecha.
Sergei abrió la ventana y los vio planear, y no sólo volando, la guerra estaba cerca.
¡Aparta de mi nevera, bicho inmundo! —Le pegó una patada al televisor. El dragón salió volando, cerrando la ventana al salir.
Tenemos un problema dijo Arisca, los dragones no se marcharán hasta que les devolvamos todo.
¡Todo! Sergei se frotó la frente. ¿Sabes qué es ‘todo’, loca atolondrada? Todo es dio la vuelta en derredor… este loft, incluso a ti tendría que entregarte.
Arisca se pasó la lengua por la cara para quitarse la mantequilla y corrigió la postura de un par de escamas adheridas a la piel de los hombros como costras. Se comió el último trozo de humanoide untado:
¿Qué piensas hacer? El cuerpo delgado y atlético de Arisca era normalmente imperfecto. En su espalda había un par de alas plegadas un tanto gelatinosas. Sergei trató de abrazarla y ella dejó el televisor encendido en el suelo, abrió la puerta y de un salto bajo los cinco mil escalones de la torre.
Preparada para la batalla, Sergei supo que Arisca no sobreviviría sin él, así que se pinchó con la misma ampolla con la que se habían alimentado los primeros científicos. El caos en el cielo era brutal, los atascos inconmensurables y las luchas fraticidas, corrientes. Traspasó dos paredes cibernéticas hasta llegar a casa de Denton Flosh.
Necesito que salves a Arisca.
Joder dijo Denton contrariado, mesándose el cabello ralo y puntiagudo, ¿no era tu perra? Aquí os lo hacéis con cualquiera.
No bromeo dijo Sergei, apoyado en la mesa con las dos manos y las alas vítreas abiertas—. Sabes que no podemos competir con cristal contra esas alas viscosas.
¿Y qué quieres que haga? dijo el chico, despreocupado, sentándose frente al ordenador.
¿Tienes la secuencia? preguntó Sergei por detrás.
Si asintió el chico.Si no la sacas de ahí, volará hecha pedazos.
¿Qué piensas hacer? Sergei escrutó la pantalla, intentando descifrar los dígitos.
Ahora verás.
En un instante todos los dragones se volvieron hacia el este de Arquitalia. Unos chorreaban sangre, otros tenían dos cabezas, a algunos les habían explotado las alas y se encontraban en caída libre hacia las rocas.
¿Y Arisca?

Acerca de la autora: Raquel Sequeiro

3 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Un poema de sinfonía espacial es éste maravilloso relato.
Leerlo me recuerda que siento que los humanos deberíamos volar.
Quizás de ser ésto posible, muchos ya nos habríamos largado.

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Celebro los delirios de Raquel. A veces pienso que se alimenta con carne de surrealistas fantasmales y otras veces ni siquiera pienso eso.

Raquel Sequeiro dijo...

Es uno de mis preferidos, así que los comentarios son la línea de conjugación lector-escritor. Deberíamos volar, Carlos, estoy de acuerdo.Sergio, mis desayunos son cafe y batidos de frutas, quizás estén en la batidora.
Gracias a los dos, especialmente a mi master, Sergio, que sin ti no estaría escribirndo estas sinfonías textuales.