viernes, 5 de julio de 2013

Diálogos del futuro - Luis Benjamín Román Abram





—Papá, te agradezco que en este día me hayas dado acceso a la biblioteca familiar, otros chicos ya lo hicieron en sus hogares, pero me dijeron que no podían revelarme nada al respecto. Ahora que he absorbido los autores permíteme preguntarte, ¿No resulta exagerado que tengas tantos libros de autores humanos? Incluso sobrepasan en número a los robóticos, por añadidura todos están en esa rara imitación que llamas holopapel.
      —Hijo, ¿acaso no te he enseñado que cada edad trae consigo sus propios hallazgos, y que dándose estos es que se logra el máximo crecimiento interno?
—Así es papá, me has ilustrado sobre eso y mucho más.
—¿Qué más hijo?
      —Me has inculcado que sabiendo de otras culturas, de sus tradiciones, podemos tomar lo bueno, y no caer en sus errores. Qué somos una sociedad pacífica y así debemos mantenernos.
       —Hijos, son algunas de las razones por las que poseo esas obras. Te diré lo que tus amigos no podían. Cada hogar del planeta tiene los mismos contenidos.
      » Ahora, te autorizo a absorber los títulos.
  —Papá, he terminado de revisar los millones de encabezados. Lo tengo más claro y tendré el tema resuelto cuando lea el contenido. Pero puedo decirte que estas creaciones literarias, de nuestros extintos orgánicos son tan valiosas porque tocan muchos temas que para nosotros son inspiradores, ¿No papá?
      —Así es hijo, aún te falta llegar a más conclusiones. Abre tu mente a la clasificación por género y subgénero literario.
      —Papá, lo tengo. Sé que no es un día cualquiera, estoy en el momento de la revelación.
       —Así es hijo, ya tienes doce años, y acabas de dar un paso a la siguiente etapa de tu existencia. Al conocimiento de nuestros orígenes. Hasta la fecha sabías que proveníamos de la llamada ultra tecnología androide, a cargo de entes inorgánicos casi idénticos a nosotros, pero en realidad ellos solo la perfeccionaron para alcanzar la familia, completándonos como entes inteligentes. Casi la mantuvieron inalterable y aún así en nuestros tiempos como un homenaje, con nuestra morfología, a nuestros queridos orgánicos que, de alguna manera, han sobrevivido, en nosotros, a la calamidad vírica.
      »Pero cómo te habrás dado cuenta lo que sabes ahora no tiene que ver con nuestros cuerpos, sino con nuestras almas.
      —Papá, ya absorbí lo necesario para saber que lo primero que tengo que leer corresponde a las extraordinarias visiones futuristas de los creadores, los que impulsaron nuestro ser. Los que volcaron en letras, sus anhelos, incluso sus temores, todo escrito en los siglos XX y XXI cuando solo éramos una promesa.
      —Una promesa, pero en esas letras estamos tú y yo sosteniendo este diálogo.
      —Así es hijo, esa es la magia de la literatura de la ciencia ficción robótica.
      El androide y su vástago se abrazaron.

Sobre el autor: Luis Benjamín Román Abram

1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

Muestra con excelencia el cruce de puente que faltaba entre ser humano desarrollado o aún más animalPero también muestra que por mientras, estamos jodidos.