miércoles, 5 de junio de 2013

Un libro de aventuras - Xavier Blanco


Seguía apoyado en el alfeizar de la ventana, afantasmado, con la mirada perdida en el horizonte. Desde la ventana se veía el patio, y en el patio sus compañeros. La pelota corría de un lado a otro, y un sonido ensordecedor, parecido al redoble de un gran tambor, se escuchaba cada vez que la misma chocaba, violentamente, contra la puerta metálica. Los que no jugaban, se repartían en corrillos. El patio era un hervidero, y el murmullo colectivo, amplificado por la altura del edificio, simulaba el graznido de una bandada de pájaros.
Se percibía en el ambiente que llegaba la Navidad. Siempre era igual: abundaban las sonrisas, los gestos cómplices, las bravatas, las chiquilladas…, algunos tendrían la suerte de marchar unos días con su familia y volver con el saco de las ilusiones lleno, y eso se notaba.
Dio media vuelta y se sentó en una silla. Miró el reloj y el calendario que colgaba de la pared: las doce y miércoles. Cuánto le gustaban los miércoles. Hoy podría coger un nuevo libro en la biblioteca, de esos de aventuras que tan buenos ratos le hacían pasar y, después de comer, tenían taller con esa profesora nueva que tanto afecto les daba. Para él, los miércoles eran como los domingos, pero sin misa.
Y así una semana y otra. Hacía poco que estaba allí: ni una llamada, ninguna visita, nada. Melancólico, cabizbajo, fijó su mirada en el suelo. La vida no había ido muy bien: demasiados sueños rotos, demasiados errores. Se levantó, se abotonó la camisa, cogió el libro que tenía que devolver y dirigió sus pasos hacia la biblioteca. Aceleró su caminar: a las dos tocaba recuento y debía de estar solícito en su celda.

Tomado del blog Caleidoscopio
Sobre el autor: Xavier Blanco

1 comentario:

Miguelángel Pegarz dijo...

Que ternura tan dura. Eres un mago de la palabra y de la evocación de sentimientos.