domingo, 9 de junio de 2013

Fábula con aire marino (cuento pascual) – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—¿En serio que está en huelga? ¿Qué pasó?
—Mi tarea no es suficientemente remunerada, pero está bien porque la considero vocacional, en cierto modo y, por qué no admitirlo, me alimento bastante. Pero esto se está yendo fuera de control. Es todo muy desprolijo.
—A ver; usted admite que come en su horario de trabajo. Pero que hay caos que le dificulta el mismo. ¿Correcto?
—Correcto.
—Usted estaba contratado para eliminar a Joaquina (La Foca) Flotandis pero un trío de facinerosos se le adelantó. ¿Es así?
—Precisamente; por medio de un ardid me la arrebataron y la atacaron ellos. El tema es que el comitente ahora no quiere garpar. Digo yo: ¿Qué culpa tengo? Yo planeé todo, puse a la foca en posición, pero no me va a pedir que me enfrente a esos tres toros gigantones. Eso no estaba en el contrato. La idea es matar, no dejar que me maten. ¡Vamos! No pueden jugar con Juro “Tiburón” Meneses y sacarla gratis.
—¿Y quién o quiénes son esos comitentes, si se puede saber? ¿Se puede saber?
—¡Claro! La lealtad llega hasta un punto. No se juega con esto. Son los jefes del Clan Las ballenas de Cortés. Un grupo de viles ballenatos de poca monta, pero eso lo descubrí un poco tarde. De todos modos, no pensé que llegarían a esto.
—¿Para qué lo contrataron?
—Debía eliminar al Jefe de la Mega Banda de los enemigos de las ballenas ésas. Uno que llamaban Delfín cabezón.
—Pero usted quiere cobrarles una foca.
—Estaba en mi camino. Ellos sabían que debía distraer a sus asesinos.
—¿Cómo! ¡Ellos tienen sus propios asesinos y lo contrataron a usted?
—Tercerizan para que nada falle. Es habitual. Mandan al Cuarteto de piratas que se hacen llamar Orcas, perdón por este error de ortografía. No me lo banco, pero se hacen llamar así.
—Descuide. Acá en la televisión estamos acostumbrados a hablar con faltas de ortografía.
—Muy mal… muy mal. Pero bueno. Ésa es mi denuncia. ¡Ballenas, mamíferos desubicados! Y me rajo.
—Claro… claro. Disculparán ustedes, televidentes, pero el tiburón no aguanta mucho fuera del agua. Han presenciado ustedes un testimonio directo de este caos marítimo que el gobierno no hace nada por resolver. Estos asesinatos demuestran el nivel de inseguridad al que nos están acostumbrando. ¡Oh! Retornó el tiburón. ¿Qué desea ahora?
—Sólo anunciar que las ballenas están cabreadas mal. Quieren provocar un recontra mega giga tsunami para ahogar a los seres humanos. Lo siento. A propósito ¿No tiene algo para darme de comer? ¿Estoy desde esta mañana hambreando, vio?
—Como no. Llévese mi pierna. Mañana me la clonan. Gracias por el dato. Y el gobierno: ¿qué está esperando?

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

2 comentarios:

Maria Ester Correa dijo...

Desopilante cuento, muy bueno por los autores.

Ogui dijo...

¡Gracias, María Ester!