domingo, 14 de abril de 2013

Insensatez - José Manuel Ortiz Soto


“¡No!”, grita mamá del otro lado del teléfono, su voz tiene ese tono que te arranca de golpe el deseo de seguir en la fiesta. Contrariarla sería retar su ánimo volátil, arriesgarme a vivir el resto de mes sin un peso en la bolsa. Mujer de pocas palabras, sabe muy bien cómo administrarlas: “Te quiero en casa ahora mismo, Julián”.
“Ya me tengo que ir”, anuncio a mis amigos. La avalancha de bromas no se hace esperar: “Que te vaya bien, Ceniciento.” “¡Cuando me enamore, será de un bello durmiente como tú!” “¡No olvides dejar la zapatilla en la escalera!”. “¡Apúrale o el metro se te hará calabaza!”.
La calle es una mancha larga y fría, solo comparada con mi enfado. Desde que papá murió, mamá se ha convertido en un espectro que me sigue a todas partes. Basta dar un paso fuera de casa para sentir sus manos sujetándome, escuchar su voz en el silencio, ver sus ojos, siempre atentos, aun en la mirada ajena de un extraño. Ahora mismo, es ella quien detiene el autobús, busca una moneda en el bolso y paga mi pasaje… No será por mucho tiempo: espero que la próxima vez la muerte sea más sensata y no se equivoque, y la encuentre primero a ella.


Acerca del autor:  José Manuel Ortiz Soto

2 comentarios:

Cybrghost dijo...

Relato duro donde los haya.

josé manuel ortiz soto dijo...

Cybrghost: pero de que los hay, los hay: el alma humana tiene muchos recovecos.

Saludos.