domingo, 31 de marzo de 2013

El Circo Newton - Xavier Blanco


La última función del Circo Newton se representó el 20 de octubre del año 1687, coincidiendo en idéntico horario con un violento terremoto que destruyó la ciudad de Lima. La compañía, regentada por Isaac Newton, visitaba cada otoño los pueblos y ciudades de condado inglés de Lincolnshire, para delicia de pequeños y mayores.  Ese día, mientras el público aplaudía enfervorecido ajeno a la tragedia, se produjo la primera fusión nuclear no reconocida  de la historia de la ciencia.
El hecho desencadenante fue la colisión, en plena función, de dos trapecistas hercúleos; ese choque generó una especie de cataclismo atómico a escala microscópica. En la reacción en cadena posterior, el león traspasó el aro del domador, desapareciendo en una sucesión infinita de círculos concéntricos. La mujer bala se desvió  de la trayectoria elíptica marcada en los ensayos, iniciando un recorrido asintótico al horizonte. Peor suerte sufrió la pareja de equilibristas, que ejecutando un triple mortal recorrieron una trayectoria idéntica a la de dos líneas paralelas y no llegaron a converger en ningún punto del plano. Escasa información existe sobre la amazona, que proyectado por la fuerza centrífuga generada por el movimiento inverso del caballo, se alejó progresivamente del animal hasta evaporarse en la derivada del tiempo. Así consta en el atestado.
La policía, aconsejada por Newton —único superviviente—, cerró el caso sin investigar la causa de los fallecimientos. Tal vez sabían que la cinemática es la parte de la física que estudia el movimiento de los cuerpos al margen de sus causas, y en el circo casi todo es movimiento. Newton, que ya era un hombre inquieto, decidió liquidar el negocio y teorizó que lo acaecido ese día era un claro ejemplo de suceso nulo que tiende a infinito. Algunos pueden pensar que la historia no es cierta, sólo puro artificio —usted mismo podría hacerlo—, pero antes  debería saber que el circo no es mas que eso: el conjuro de lo eterno, cercar lo ilimitado, quizás el adiestramiento de la lejanía.
Lo de la manzana vino después, pero no busquen concordancias. ¿El público?... mejor no pregunte.
¿A quién le importa el público?

Acerca del autor: Xavier Blanco

2 comentarios:

Maria Ester Correa dijo...

Exclente cuento, magistral final!!

Sara Lew dijo...

El que dice que no le gusta El Circo, es porque no ha leído a Xavier.
Cada una de sus "funciones" de circo son fantásticas.

Me ha encantado, Xavier. Un beso.