jueves, 7 de febrero de 2013

Sin sol - Fernando Andrés Puga


Hoy no amaneció. Cuando al levantarme corrí las cortinas, el cielo seguía tan oscuro como cuando me acosté. Volví a la cama creyendo que aún era de noche y que el despertador había fallado. Bufando, prendí el velador y lo tomé para ponerlo en hora. Marcaba las ocho. Era correcto. Pero... ¿cómo? ¿Y el sol? ¿Dónde se metió? Otra vez en la ventana, me asomé para ver a los transeúntes, pero no parecían notar nada raro. Todos iban y venían como de costumbre: la cola en la parada del colectivo, el canillita en el semáforo, el barrendero... Actuaban como si nada. ¿No lo notan? ¿Soy el único que se sorprende al ver en pleno día un cielo tan estrellado como el de medianoche?
El teléfono me sacó de mi perplejidad.
—Hola, Fer. ¿Ya estás listo? Te estoy esperando hace rato —Es Matilda. Recordé que íbamos a ir juntos a la pileta del club.
—¿Dónde estás? ¿Está lindo el día?
—¿Qué? ¿Todavía no te levantaste? —dice, reclamándome— Apurate. Hay un sol radiante.
¿Le digo? Va a creer que estoy loco. No. Mejor disimulo. Este fenómeno debe tener una explicación lógica y ya la voy a encontrar.
—Perdoname. Estoy saliendo —respondo mientras guardo todo en el bolso.
¡Uy! Se me acabó el protector 50. Espero que Matilda tenga. Esta piel mía enseguida se pone como un tomate.

Sobre el autor: Fernando Puga

3 comentarios:

Maria Ester Correa dijo...

Muy buen cuento.

Javier López dijo...

Me gusta esa forma irónica de reflejar cómo un hecho falso puede llegar a ser aceptado como verdadero de tanto repetirlo.

Cristian Cano dijo...

Qué personaje lanzado. Muy bueno.