martes, 22 de enero de 2013

Filosofando – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—No sé si usted sabe —dijo Prosapio Ventocalmo estirándose el labio inferior, gesto que repetía cada vez que trataba de impresionar a su interlocutor— que el famoso filósofo griego Platón viene de una familia de fabricantes de velas. Las velas Platón tenían como innovación tecnológica que la mecha era de lana de Ur, que arde más lentamente y grasa de oso pardo de la región de los sármatas, que se derrite a temperaturas mayores que las de ballena o sebo de oveja. Además, las velas Platón venían con un plato, lo que las hacía más transportables, higiénicas y fáciles de encontrar.
—Pero no creo que usted —interrumpió Cantalicio Taxiboy— sepa responder a esta pregunta: ¿Qué fue primero, el plato o Platón?
—Eso quedó para el interior de la familia del filósofo —respondió Prosapio sin inmutarse—, algo que no revelaron jamás, aunque se sabe de un antepasado lejano que se llamaba Tazón, lo que daría una pista al respecto. Más información vendrá, casi seguro, de labios de mi compadre, el Tape Valdosán, experto en ánforas, cántaros, vasijas y otros recipientes por el estilo. ¿No es cierto, Tape?
El Tape Valdosán apuró la ginebra y frunciendo el ceño en una mueca de disgusto muy ostensible, aclaró antes de que las nubes bajas produjeran un súbito oscurecimiento.
—Vasos, copas, cuencos, escudillas, bernegales, poncheras... los Tazón no aparecieron de la nada, materializándose como estornudos del Demonio.
—Así que los Platón y los Tazón vinieron a ser parientes —se maravilló Cantalicio—. ¿Y esa estirpe ha llegado hasta nuestros días?
—¡Por supuesto! —exclamó Prosapio poniéndose de pie—. Son los famosos Lighting Filosofov, fabricantes de las luminarias que relumbran en los salones de Mater Magister y el Anfiteatro del Pireo. ¡Multimillonarios!
—¡Mecachendié! —rugió Cantalicio. El Tape se sirvió otra ginebra y la apuró de un trago antes de cerrar la conversación con una frase lapidaria.
—Podemos comprender fácilmente que un niño le tenga miedo a la oscuridad; la verdadera tragedia en la vida es cuando los hombres le tienen miedo a la luz.
El silencio que se hizo en el Almacén permitió el paso de una brisa de espanto. Calmo, el deontólogo del pueblo seguía cortando chorizo seco para darnos de comer y el ruido del cuchillo entrándole a la carne, en medio de ese silencio, lo hacía más propenso para películas de julepe. Fue Cantalicio entonces que reveló el secreto
—Han de saber ustedes que soy el buey perdido de los Tazón, que me perdonen los dioses.
—¡Los que hundieron a Platón en la angustia que lo llevó a la tina del fracaso! —exclamó fuera de sí el Tape, cuchillo en mano y todavía con el as de copa pegado al pulgar derecho.
Se abalanzaron el uno contra el otro y el que perdió fue el cuchillo, que se partió no bien pegó en el cinto de Cantalicio.
—Mejor hubiera sido clavarle una vela de Platón —terció Prosapio con el vaso a medio inclinar.
—¡Estos cuchillos chinos! —exclamó desconsolado el Tape.
Cantalicio, apenado por la pérdida de su contrincante, le puso una mano en el hombro como para consolarlo y con la otra le metió unas treintaiuna pastillas de calmante para cebras mal rayadas en el gaznate.
Desde entonces al Tape lo llaman té de tilo o agua de estanque, por razones obvias. Calculan que para cuando despierte no van a tener que explicarle nada, ya que para entonces todo este intrascendente asunto estará perdido en la niebla del olvido.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

5 comentarios:

maryjuly dijo...

Exclente microficcion. Me gustop el juego de filosofos de bar, el final. Una microficcion de muy buen nivel

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Gracias por tu comentario, María Ester. Siempre es un placer escribir con otros, y muy enriquecedor...

Javier López dijo...

Tape Gaut, Maese Ogui. Cuando tome mi desayuno mañana y vea el tazón de los cornflakes, mientras me alumbro con una vela comprada en el chino, pensaré que en este mundo moderno las cosas ya no son como antes. Y filosofaré con mi más cercano contertulio, una tostada de Murphy.

Sergio Gaut vel Hartman dijo...

Es la cuántica, Payo López, la bendita cuántica.

Ogui dijo...

Platón ilumina como grasa de oso pardo en medio de un Tazón de oscuridad crespa. Es algo difícil la filosofía del chorizo seco... Y sigan comentando que pueden nacer nuevas microficciones...