Todas las piedras – Patricia Nasello
Con la firmeza varonil que siempre me ha caracterizado, un día decidí quitar de mi camino todas las piedras.
A las más vistosas las puse de adorno alrededor del gran molino que es de mi propiedad.
Llevé unas cuantas, chatas y rectangulares, a la biblioteca. Las coloqué sobre el estante destinado a los libros escritos en Braille. Una ciega rozó con las yemas de sus dedos la superficie de una de ellas y exclamó sonriendo “¡Nunca es demasiado tarde para leer Platero y Yo!”.
Lo más difícil fue encontrar un destino para las rocas ordinarias. Al fin decidí repartirlas entre las muchachas ordinarias. Les dije que formaran fila, que recibieran y cargaran las piedras, que se mostrasen agradecidas ante el obsequio.
Algunas lo hicieron.
Ahora no puedo recordar cuáles, porque para mí todas ésas tienen la misma cara. Parece que la ciega resultó ser la madre de una de ellas y ahora anda diciendo por ahí que soy un cretino.
Nada más falso.
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Patricia Nasello
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