jueves, 5 de abril de 2012

Las horas muertas – Sergio Gaut Vel Hartman

 

Un año nuevo, flamante, sin estrenar, pensó Gualterio Gaudenci. ¿Quién es Gualterio Gaudenci? Gualterio es un jubilado que durante su vida activa pasó los días hábiles como cajero de una sucursal bancaria suburbana, aburrido como una roca en la cima del Everest, y que una vez retirado descubrió que tenía que inventar algo para matar las horas. Fue por eso y solo por eso que hizo un curso de taxidermista y empezó a embalsamar las horas que mataba. No se consideraba un asesino, porque nunca nadie consideró que matar las horas sea un crimen, y pronto supo que era un excelente taxidermista. Las horas embalsamadas cubrían las repisas, colgaban del techo atadas a hilos de nailon, tapizaban el suelo (especialmente las horas chatas) o dormían en la caja fuerte. ¿Por qué algunas de las horas habían sido ubicadas a resguardo de propios y extraños? Paso a explicar: Gualterio solía tener pesadillas, y las horas de revolverse en la cama, sudar y despertar sobresaltado no podían ser tratadas como horas ordinarias. Por esa razón, el taxidermista había diagramado un régimen especial para embalsamar las horas que morían mientras él dormía, pero luego de rellenarlas con estopa, bagazo y masilla las sacaba de la vista; podía decirse que les temía un poco. Eso ahora no importa demasiado; lo menciono para que conozcan el motivo por el cual no todos los productos de nuestro taxidermista reciben el mismo trato. Algún día les contaré qué ocurrió con una hora que fue embalsamada a pesar de que no había muerto. Pero no ahora.
Un año nuevo, flamante, sin estrenar, pensó Gualterio, en eso estábamos. Y procedió a sentarse en su sillón favorito, sin hacer nada. Estaría así dos horas, tal vez tres, y cuando ese tiempo transcurriera, tendría otras tantas horas muertas sobre las que podría empezar a trabajar. Aunque no lo crean, Gualterio Gaudenci es un hombre feliz.

Sobre el autor:
Sergio Gaut vel Hartman

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Hay tantos embasamadores de horas , algunos en forma positiva y otros no.
Las horas hay que aprovecharlas cuando están pero no debe uno ir por la vida arrastrándolas con todo su peso.
Hay que dejar pasar lo que ya no está y seguir avanzando , o aún mejor quedarse quieto y recargar la energía.
El cuento abre una infinita mirada a un abismo de posibilidades.
Y no siento que una roca en lo alto del Everest se aburra, a mi punto de vista deriva placer su estancia en la montaña.
Y acepto que ésto es plenamente debatible.