Confusión idiomática - Miguel Dorelo


—Cógeme el brazo.
—¿Eh?
—Que me cojas el brazo.
—¿Acá? ¿En medio de la avenida y adelante de todos?
—Pues, sí. ¿O acaso no me amas?
—Si, pero esas son cosas para la intimidad. Además, preferiría la mano de ser posible.
—Que a mí me apetece más el brazo, pero si tu quieres la mano, pues venga.
—¡Te dije que acá no! Ustedes son demasiado modernas y liberales, pero yo soy una persona decente.
—¡Tu estás chalado! Que si no me coges el brazo o la mano olvídate de mí, me iré ya.
—¡Ni en pedo! ¡Tomátelas, gallega loca y degenerada! ¡Andáte! Lo mejor que podés hacer es correrte ya mismo.
—Pero ¿Por quién me has tomado, tío? Mira que decirme semejante barbaridad.
—Ya mostraste la hilacha, pendeja ¿No era que la diferencia de edad no te importaba? Resulta que ahora soy como un tío para vos.
—No te comprendo, primero te da prurito cogerme la mano o el brazo y luego me pides que me corra delante de todos.
—¡No me jodas más!
—¡De eso, olvídate, gilipollas! ¡Nunca más tendré sexo contigo!
—¡Loca histérica! Primero quieres hacerlo en la calle y ahora te haces la puritana.
—¡Tú estás majareta! ¡Acaba de una vez!
—¡Otra vez con lo mismo! ¡No insistas, enferma, ninfómana galáctica!
—¡Vete a que te den por culo, come coños de cuarta!
—¡Pues desde ahora comerás sola ¡ ¡Te podés meter todas tus comidas sanas y mediterráneas en donde no te da el sol, estúpida!
—¡Muérete!
—¡Lo mismo digo!

Moraleja: una correcta comunicación es muy importante en la pareja. La palabra es imprescindible; nunca te pongas de novio con una extranjera.