lunes, 1 de agosto de 2011

Un grito de horror - Ana Silvia Mazía


Se oyó por la radio y por la televisión, en todo el país. Justo ese día había una trasmisión conjunta, prólogo del clásico de fútbol.
Algún bromista había puesto un libro sobre la mesa del estudio, junto a los micrófonos y el locutor, en un instante de distracción, lo vio y se espantó.
El rostro blanco como papel de arroz, el cabello erizado, los ojos desorbitados, salió corriendo del estudio.
Su carrera en los medios... ¡al infierno!
Atropelló camarógrafos, iluminadoras, maquilladores, estuvo a punto de romperse la crisma cuando se le enganchó el pie derecho en un lío de cables.
Su pánico se contagió. TODOS salieron corriendo del canal de TV, de las radioemisoras, de las repetidoras.
Es fácil imaginar la reacción del público, que pronto se expandió a los pocos que no miraban televisión ni escuchaban radio.
Un grito y, de pronto, silencio. Una imagen y, de repente, NADA. Vacío.
¡Y todo por un libro!
Nadie alcanzó a consignar si se trataba de La Sagrada Biblia, Don Quijote, Martín Fierro, Los diálogos de Platón, o el último de Paulo Coelho...

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

S.O.S
Alguien resucite la lectura de los libros, muy natural que un inane de la tele les tenga terror, pero recuerdo que cuando nos reuníamos los que leíamos compartíamos cosas mejores que enterarnos de mentiras
acerca de gente que no conocemos, y expresadas por idiotas chismosos.
La tele carece de libertad de expresión pues existe como instrumento manipulador.
Habría que retar a las estaciones a dejar una tribuna libre donde cualquiera exprese lo que quiera.