sábado, 2 de julio de 2011

Trabajo nocturno - Carlos Feinstein



Mientras camino por la zona de los talleres, llego a los jardines de la casa principal, ahí la encuentro vestida de blanco, asustada, la abrazo y le pido que me acompañe. Damos varias rondas a todo el complejo mientras ella me cuenta de su vida, de sus padres, de sus amigos, de la nueva ropa que quiere comprarse al tiempo que su humor mejora y ríe con una sonrisa hermosa que me llega al alma. Yo no hablo, sólo la acompaño con mi silencio.
Llegamos muy pasada la medianoche al viejo roble donde nacen los besos y las caricias. Como todas las madrugadas vuelvo solo a la oficina principal.
Ahí me espera el jefe, que recién llegado comienza su trabajo diario.
–¿Otra noche tranquila? No se que haría sin ti, nadie quiere la guardia nocturna, el mito de la mujer de blanco los tiene a todos asustados. No entiendo como pueden creer en esas tonteras, la hija del patrón estaba más loca que una cabra. Hallarla colgada en el roble fue terrible para el viejo.
–No hay problema, jefe –contesto con mi parquedad habitual.
–Que bueno que no le tengas miedo a los fantasmas.
–Todos seremos fantasmas, sólo es cuestión de tiempo –le contesto mientras me voy para casa, extrañando la noche, los besos y su hermosa sonrisa.

2 comentarios:

gabrielabaade dijo...

Mut bueno, Carlos.

Patricia Nasello dijo...

Leer tu prosa exquisita, Carlos, es un placer.
Gracias.