martes, 22 de marzo de 2011

La caracola - Daniel Frini


El mar estaba tranquilo, el sol de marzo apenas tibio, la arena limpia y solitaria y soplaba un suave viento del este.
Vi la caracola ―una strombus gigas— desde unos treinta metros. Era hermosa y una buena decoración para nuestra casita de verano. La levanté y, como hago desde niño, la llevé a mi oído para escuchar el mar. Me llegó la cadencia de olas antiguas y lejanas. Pero esta vez había algo más: un murmullo apagado que sólo logré descifrar cuando tapé mi otro oído. Una voz humana
―¡Sollievo! ¡Aiuti! —decía. Y agregaba palabras que no pude entender.
La llevé y se la mostré a mi esposa, que se sonrió descreída; pero luego abrió grande sus ojos, atónita.
―¡Sollievo! ¡Aiuti! —oía, con más claridad en la casa silenciosa; pero aún sin entender el resto.
Y allá está, en una repisa de nuestra casita. Mensaje de algún italiano náufrago desde hace quién sabe cuántos años, esperando un rescate que nunca llegará porque no entendemos qué dice, además de pedir socorro y ayuda.
―¡Sollievo! ¡Aiuti!
A veces, cuando la noche es silenciosa, lo escuchamos desde nuestra cama con cierto fastidio que alguna vez fue impotencia.
Hemos pensado en deshacernos de la caracola.

Daniel Frini

Ilustración: Dos (detalle) Marco Maiulini. http://www.flickr.com/photos/marcomaiulini
Todos los derechos reservados.
Reproducido por gentileza del autor.

5 comentarios:

El Titán dijo...

Original y terrible...
pobre tano del pasado...

Nanim dijo...

Como siempre tus cuentos, Daniel, ¡me encantan!

Daniel Frini dijo...

¡Gracias, Titán!
¡Gracias, Nanim!. Todo mi aprecio para vos.

Alvaro dijo...

¡Excelente cuento!

Daniel Frini dijo...

¡Gracias, Alvaro!