jueves, 26 de agosto de 2010

Mateo - Gilda Manso


Para Teillu

La partera, que tenía ínfulas de bruja, miró la manito del pequeño Mateo y anunció:
-Será poeta.
Pero Mateo, al crecer, decidió:
-Seré arquitecto.
Y desafiando viejos presagios, Mateo fue arquitecto. Claro que Mateo sabía que una cosa no impide otra, incluso a veces las cosas se complementan, y así fue como dejó de desafiar viejos presagios y, revelando habilidades sospechadas, fue también poeta.
Tanto se complementan las cosas, que las poesías de Mateo tenían un aire innegablemente arquitectónico. Arquitectura de calidad, encima. Base sólida, paredes firmes, pisos cómodos que lograban que nadie quisiera irse de allí. Las poesías de Mateo tenían incluso fuentes de agua y pajareras sin rejas.
Un día, un cliente entró al despacho de Mateo y le dijo:
-Oiga, arquitecto. Yo leí las cosas que usted escribe. Y quiero una casa. Una casa así, como las cosas que escribe.
Y Mateo diseñó pasillos con forma de sonetos, y terrazas con aspecto de boleros, y sótanos con espíritu de novela negra.
Y todo el mundo quiso que Mateo le construyera una casa, porque Mateo era el único arquitecto que escribía casas dignas de antología.

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Éste magnífico relato retrata espléndidamente la simbiósis entre las expresiones de arte.