miércoles, 9 de junio de 2010

Pues resulta que ayer perdí el abrigo – Héctor Gomis


Pues resulta que ayer perdí mi abrigo. Era un abrigo de piel precioso que me regaló mi madre hace dos años. Me sentaba como un guante y… No, perdona, no me interrumpas. Si me dejas que te lo cuente todo, entenderás la relación del abrigo con lo que te quiero decir. Ten un poco de paciencia por favor.
 Como te contaba, ese abrigo era algo más que simple ropa para mí. Fue lo último que me regalo mi madre antes de morir y le tenía mucho cariño, por eso me puse tan triste ayer al perderlo. Por un instante creí que me iba a derrumbar, sé que es una tontería, pero me eché a llorar en medio de la calle y no pude parar hasta llegar a casa. El abrigo me recordó a mi madre, y el sentimiento de pérdida se adueñó de mí. Recordé lo mal que lo pasé cuando ocurrió, y el miedo que sentía a volver a pasar por aquello, luego comencé a pensar en cómo me sentiría ante la muerte de otro ser querido y eso me hizo llorar aún más, ya sabes de mi capacidad de autosugestión. Imaginé que mi padre moría de repente, y me sumí en la más absoluta tristeza, luego fantaseé con la posible pérdida de alguno de mis hermanas y un escalofrío recorrió mi espalda, ya sabes que adoro a mis hermanas. Así estuve torturándome con esas enfermizas ideas durante toda la tarde, pensé en lo mal que me sentiría con la desaparición de mis mejores amigos, lloré amargamente la muerte de nuestro perro, y hasta imaginé la muerte de Javier, el tendero de la esquina, que ya sabes que me cae muy bien.

Pues cuando imaginé tu muerte, me ocurrió algo muy extraño. Al principio no sentí nada, una absoluta indiferencia, lo lamentaba por ti, claro está, pero no estaba triste. Esto me extrañó mucho, al fin y al cabo llevamos viviendo juntos tres años y nos queremos, ¿no?, ¿por qué íbamos a casarnos si no fuera así?, así que decidí imaginar como sería mi vida justo después de que murieras y descubrir cuales eran mis pensamientos acerca de ello. Cerré los ojos y fantaseé con un futuro en el que tu no estuvieras conmigo y…, bueno, el resto ya lo conoces, creo que deberíamos separarnos.

Tomado de: http://uncuentoalasemana.blogspot.com

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Bien ,maestro Gomiz.Me dió gusto toparme con éste relato que nítidamente retrata las funciones correlativas de la mente,con el final feliz de una buena deshacencia.