martes, 1 de junio de 2010

Derecho viejo - Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—¿Y le parece que es algo para enorgullecerse? —Aparicio Vega apuró la grappa sin mirar al gringo Ferretti, que en ese mismo momento, por toda respuesta, se encogía de hombros. De veras no le preocupaban las críticas del funebrero; seguro que todo lo que le importaba era que se había perdido un sepelio. Así que dejó pasar un buen rato antes de contestar
—Me tenía cansado —dijo finalmente.
Vega clavó los ojos en Ferretti y alzó la mano. —¿Y por eso la mató?
—Por eso. ¿Hace falta más?
—Pero… pero usted la quería, era su compañera; sus buenos momentos le habrá hecho pasar, ¿me equivoco?
Ferretti se sirvió con parsimonia; él tomaba caña, la grappa no le gustaba. —Muy buenos. No he… bueno, ya me entiende, no he tenido una mejor que ella, por lo menos hasta ahora.
—Pero… pero…
—¿Qué le pasa, Vega, comió guiso de objeciones?
—¡Se la comió!
—¡Claro que me la comí! ¿Qué iba a hacer después de matarla? Yo no soy vegetariano como usted. Además, ahora que no está Dolly tengo a Sally, la hija. ¡Qué corderita tan dulce!

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

MAGNÍFICO. Se vá uno con la finta de que el tipo es un frío asesino autoviudo,y resulta ser asesino de mascotas para preparar en barbacoa.