domingo, 9 de agosto de 2009

El libro - Jose Rasero



Lo ideal sería explicárselo a ustedes muy bien, con exactitud. Para que después no haya malos entendidos, ni vueltas de hoja ni dobles sentidos. Pero es difícil de explicar, y yo no lo hago bien, no sé. En todo caso les cuento. Mi nombre es Alberto Pérez y Pérez, y eso no viene al caso, ni me ayuda lo más mínimo. Pero no quiero que piensen que me oculto en el anonimato. La mujer estaba sentada en un banco, en el parque. Hacía un día de invierno soleado, precioso. Ella estaba sola y bella. Leía. Yo tenía una cita de negocios, y comenzaba a impacientarme. Por los negocios, claro, pero también por otra cosa que me traía el día arruinado. Mi corbata azul claro de lunarcitos blancos tenía una mancha bien visible. No se rían. Era una mancha roja. Antigua. Imborrable. De algún vino de alguna ocasión. No sé cómo decirles. Además, observé, su contorno asemejaba un beso. Ya ven. Desde que me separé el manejo del hogar era un trastorno continuo. ¿Saben? Es difícil manejar una casa. Ya me pierdo. Pero lo cierto es que no había otra corbata que ponerse. Sólo aquella. Yo soy muy metódico. Y distinguido. Tiquismiquis, decía mi ex. Y los negocios son algo importante. Cualquier detalle cuenta. Así que, ya me ven, a primera hora del día me sentía, no sé, como un pordiosero. Pensarán que exagero, pero no. Yo soy así. La señorita no parecía esperar a nadie. La lectura la atrapaba. Y la hacía más bella, si cabe. La cita de negocios también era con una mujer. Con una mujer casada, para ser más exactos. Se retrasaba. ¿Les dije que soy un hombre metódico y elegante? La idea de sacarme la corbata y ocultarla en un bolsillo, con sus pros y sus contras, ya rondaba en mi cabeza cuando la vi aparecer. Vestía un distinguido traje negro. Un bolso a juego. Gafas oscuras. Era la segunda ocasión en que nos veíamos. Tiré la colilla al suelo y le hice un gesto. Nos dimos educadamente la mano y la invité a sentarse en un banco. Ella encendió un pitillo.
-¿Tiene las fotos?
Saqué un sobre del bolsillo interior de la chaqueta y se lo ofrecí. Ella lo cogió, pero antes de abrirlo, se quitó las gafas oscuras. Vi que miraba mi corbata. Después me miró a mí.
—Tiene una mancha de carmín. Todos iguales. Dais asco.
La mujer echó un rápido vistazo a las fotografías del sobre. Después tiró el cigarrillo y sacó del bolso otro sobre, que me entregó con desprecio. Se levantó y se marchó.
Yo quedé allí, con el sobre entre mis piernas. No es la primera vez que provoco ese espanto, esa repulsión. Ese asco. Me ocurre a menudo. Con las mujeres. Hacía poco que la provoqué y la sentí. Con mi ex. Pero a pesar de estar acostumbrado uno no se acostumbra. ¿Saben? Es algo que duele. Dolor. Tengo el vicio de los sinónimos. Sufrimiento. Daño. Malestar. Molestia. Tormento. Suplicio. Martirio. Tortura. Pesar. Tristeza. Desolación. Volví a encender un pitillo. ¿Les dije que fumo rubio? Es más elegante. DOLOR. Así, a secas y en mayúsculas, decidí. La mirada de esa mujer dolía. Esa mirada de ira. Quizás más contra sí misma que contra mí. No sé. Por haber contado conmigo para el negocio. Pero la mirada la sufrí yo. Como tantas veces antes. Como hacía poco tiempo. Un dolor que no se puede explicar ¿No entienden? La muchacha del banco parecía estar acabando su lectura. Le quedaban pocas páginas y estaba bellamente expectante. Decidí esperar.
Cuando terminó el libro, lo posó con suavidad en su regazo, y quedó allí, con la mirada como perdida. Entonces me acerqué. Antes de llegar a su lado desanudé la corbata, la saqué al completo con la mano derecha, la oculté en un bolsillo, y así me senté sin más junto a ella. No quieran que les explique lo que sucedió después. Simplemente ocurrió. Ya les dije que no soy muy bueno para estas cosas. Pero en todo caso les resumo.
La ceremonia, la celebración, la primera noche. Ya saben estas cosas. Todas iguales. Ella maneja la casa que es un primor. Yo la amo. Estoy pensando cambiar de trabajo. Abrir un restaurante o algo. Ah, no me pregunten de qué libro se trataba.

2 comentarios:

Joseph dijo...

En vez de narración deberías llamarle soliloquio a esto...
A.L.P.

jose rasero b. dijo...

Llámelo como quiera, caballero, pero llámelo correctamente. Apréndase el significado de "soliloquio" y después opine.
Salud!