domingo, 9 de agosto de 2009

Amor perimpimpudo - Paloma Zubieta López



Saben que son distintos pero no les importa. Él tiene un lado oscuro que atraviesa la mitad del rostro; fue por eso que ella lo encontró atractivo. Ella desenreda su cabello de serpientes frente al espejo, mientras él se pinta el bigote con tinta de calamar. Con delicadeza, ella cuelga un grillo en el borde del vestido; resplandecen sus ojos de escarabajo delineados con el kohl. Él se pone un sombrero de copa y guarda la llave de su corazón en el bolsillo. Ella camina hacia la puerta dejando rastros de colores en tanto que él, sonríe y emite lo que parece una flor al suspirar. Suben a la estufa que, al ponerse en movimiento, deja un rastro musical. Él enrolla con su larga lengua un cigarro y se llena con el olor a paja fresca que ella despide. Al llegar al magueyal, la cubre con un papalote y galantemente, le ofrece una mano para bajar. Ella escupe un sapo y lo mira con ternura. Es la hora del ocaso en que las sombras han pasado a ser sueños y los objetos parecen perfectos si no se tocan. Se sientan sobre un caparazón de tortuga vacío que hace las veces de cuna, él la cubre con sus cuatro brazos pero sin apretarla demasiado, sabe que es de vidrio. Ella recuesta una de sus dos cabezas sobre su hombro y susurra: si no te tuviera, amor… No hace falta decir nada más, son una pareja perfecta y su felicidad es a todas luces, inalcanzable.

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