martes, 26 de mayo de 2009

Lluvia - Natalia Gómez


No habría mejor lugar para estar en aquel momento. Llovía fuerte, después de muchos meses de implacable sequía que resecaba las narices y los espíritus, y el mundo parecía iniciar un proceso de limpieza profunda. Aunque la suciedad fuera grande, y a veces pareciera infinita —aún más en una ciudad como São Paulo—, sentía como si ahora todo pudiera cambiar, después de que el agua terminara de caer. Antes del comienzo de la lluvia ya habían caído creencias, miedos propios, compañeros de una vida poco espontánea, y habían caído también muchas, o todas, las certezas que tenía hasta entonces. Estaban estos restos, como pedazos de un aborto exitoso, desparramados por las calles, esparcidos bajo la forma de una vieja polvareda flotando en el aire, impregnando las nubes, manchando el hormigón agujereado. La suciedad la constreñía, como si hubiera entrado en la casa dejando un rastro de caca de perro pisada en la calle, sin darse cuenta.
La lluvia podría limpiar todo ahora. Y ella podría, entonces, comenzar otra cosa, algo que aún ni siquiera podía planificar porque no lo había imaginado por completo. Podría, finalmente, encontrarse con su verdad particular en cuanto la lluvia limpiara todo lo que había sido dejado atrás.

Título original: Chuva
Traducción del portugués: GvH
Tomado de: http://rotativaalternativa.blogspot.com

2 comentarios:

Florieclipse dijo...

Me identifiqué a plenitud con este cuento. A veces el hastío lo hace sentir a uno que sería bueno que la lluvia se llevara, entre otras cosas, a la ciudad misma.

pato podolyak dijo...

Me gustó mucho!!!